¿Qué pasaría si pudieras borrar a tu ex? La joya de ciencia ficción romántica que todos deberíamos ver después de una ruptura
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Todos hemos querido olvidar algo o a alguien. Todos hemos pensado que sería más fácil si ciertos recuerdos se fueran sin dejar rastro. Esta cinta responde con una idea bastante incómoda.

Hay películas que existen para cumplir deseos que, en la vida real, serían una pésima idea. En Si yo tuviera 30, una niña despierta convertida en adulta y descubre que crecer rápido no era lo que parecía. En El efecto mariposa, volver al pasado para evitar una catástrofe termina abriendo heridas mucho peores. Luego está La sustancia, donde la posibilidad de recuperar juventud y belleza se convierte en una pesadilla corporal bastante salvaje.

El cine ama jugar con eso: crecer, volver, cambiar, escapar del cuerpo y corregir toda una vida. Pero hay un deseo todavía más peligroso después de una ruptura: borrar los recuerdos. No bloquear, no dejar de seguir, no guardar las fotos en una carpeta escondida. Simplemente eliminar todo de verdad.

El sueño de borrar todo, para siempre

La joya es Eterno resplandor de una mente sin recuerdos estrenada en 2004. Dirigida por Michel Gondry, la cinta sigue a Joel Barish, un hombre que descubre que su exnovia, Clementine Kruczynski, se sometió a un procedimiento para eliminarlo de su memoria. Dolido, confundido y con el orgullo hecho trizas, decide hacer exactamente lo mismo.

La película puede verse actualmente en HBO Max en México. Sin duda alguna, es una de esas cintas que alguien siempre recomienda cuando un amigo acaba de terminar una relación y cree, por unas horas, que nunca va a volver a estar bien.

Jim Carrey sin la máscara de comedia

Parte del golpe de la película viene de ver a Jim Carrey en un registro completamente distinto al de sus grandes comedias noventeras. Aquí no está el actor de La máscara, Ace Ventura o Mentiroso, mentiroso. Joel es callado, torpe para expresar lo que siente, un poco gris, de esos hombres que parecen pedir perdón hasta cuando caminan.

Kate Winslet, por su parte, hace de Clementine un personaje que pudo haber quedado atrapado en las etiquetas, pero no ocurre así. Clementine es caótica pero también vulnerable, contradictoria, cansada de que la idealicen y luego le reclamen no ser la fantasía de nadie. La película entiende muy bien esa trampa de las relaciones: enamorarse de una versión editada de alguien y enojarse cuando aparece la persona completa.

Una ruptura contada desde la memoria rota

La idea del borrado mental suena ideal, pero Eterno resplandor de una mente sin recuerdos no se comporta como una película de laboratorios fríos y máquinas futuristas. Todo ocurre con técnicos comiendo comida chatarra, aparatos conectados en un departamento y empleados que tratan los recuerdos ajenos como si estuvieran haciendo turno nocturno en una oficina cualquiera. La normalidad hace que el asunto sea más inquietante.

Mientras el procedimiento avanza, Joel vuelve a recorrer su relación con Clementine desde adentro de su cabeza. Primero aparecen los recuerdos malos, las peleas, el cansancio, los reproches que justifican la decisión. Después empiezan a surgir los momentos que duelen más porque fueron buenos: una conversación tonta, una noche en la playa, una mirada que no necesitaba explicación. Ahí la película se vuelve cruel. No porque te muestre el amor perdido, sino porque te recuerda que una ruptura casi nunca borra lo hermoso que hubo antes.

Lo brillante de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos es que no vende el amor como cura milagrosa. Joel y Clementine no son una pareja perfecta. De hecho, buena parte de la cinta muestra por qué se hicieron daño, por qué se cansaron y por qué la relación dejó de ser habitable. No hay una fantasía de almas gemelas caminando hacia el atardecer. Hay dos personas difíciles, heridas y medio perdidas intentando entender si vale la pena volver a tocar algo que ya se rompió.

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