Hajime Isayama confiesa que el cariño de los fans arruinó el final oscuro que siempre planeó para 'Attack on Titan'
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Aun con toda la polémica, 'Attack on Titan' no ha perdido su lugar como uno de los anime más influyentes de los últimos años. Su final podrá seguir generando polémica, pero pocas series recientes han provocado una conversación tan intensa.

Series de anime como Dragon Ball, One Piece y Naruto han dejado una discusión tan larga, intensa y cansada, pero en el mejor y peor sentido, ninguna lo ha hecho como Attack on Titan. Lo que empezó como una historia de supervivencia, con humanos escondidos detrás de murallas y titanes devorando gente como si el mundo no tuviera reglas, terminó convertido en una reflexión sobre guerra, fanatismo, herencia, culpa y libertad.

Y de la gama de personajes, Eren Yeager quedó en el centro. Durante años fue el protagonista impulsivo, rabioso y terco. Fue el niño que vio morir a su madre y juró acabar con todos los titanes. Luego la historia hizo lo suyo. Las murallas dejaron de ser el único problema, los enemigos tuvieron rostro humano y Eren pasó de víctima furiosa a figura imposible de defender sin la necesidad de malabares morales.

Ahora Hajime Isayama ha vuelto a poner el dedo en la herida. De acuerdo con información reciente, el creador de Attack on Titan reconoció que el cariño de los fans por Eren terminó influyendo en el cierre del personaje, al punto de impedirle llevar hasta las últimas consecuencias el final oscuro que había imaginado para él.

El problema de amar demasiado a un personaje terrible

Lo más fuerte de esa confesión no es que Isayama se arrepienta del final, sino el motivo. El mangaka explica que Eren se convirtió en alguien amado por muchos lectores, y que esa relación lo llevó a dibujarlo con más cercanía y simpatía de la que quizá necesitaba la historia.

Ese dilema no es menor. Attack on Titan pasó buena parte de su recorrido desmontando las fantasías heroicas del shonen tradicional, donde la rabia del protagonista suele conducir a una victoria emocionante. En el caso de Eren, su obsesión con la libertad terminó convertida en una maquinaria de destrucción.

Isayama también reconoció que la raíz de esa dirección venía de una idea muy temprana: convertir a una víctima en perpetrador. El giro era brutal porque obligaba al público a mirar de frente al personaje al que había acompañado durante años. Eren no sólo respondía a las circunstancias, sino que también cargaba con una voluntad propia y oscura, profundamente egoísta. El problema fue bajarle al acelerador cuando debía avanzar más.

Un final que dividió al fandom durante años

El manga de Attack on Titan terminó en 2021 y la recepción fue de todo menos tranquila. Hubo lectores que defendieron el cierre, mientras otros lo sintieron apresurado, tibio o demasiado indulgente con Eren. La conversación se puso fea, como suele pasar cuando una comunidad enorme decide que su interpretación favorita vale más que la historia misma.

La adaptación al anime movió algunas piezas para hacer el cierre más claro, sobre todo en la conversación entre Eren y Armin. La escena, tan discutida en el manga, recibió ajustes que ayudaron a remarcar la responsabilidad de ambos y a evitar que el genocidio quedara envuelto en una especie de gesto romántico o heroico. No resolvió todas las peleas del fandom pero sí dejó una lectura menos ambigua sobre el horror de lo ocurrido.

Lo curioso es que la nueva reflexión de Isayama no cancela el final ni lo vuelve "malo" por decreto. Más bien abre una ventana rara al proceso de un autor que todavía discute con su propia obra. Attack on Titan siempre fue una historia obsesionada con los ciclos, con la violencia heredada y con la imposibilidad de salir limpio de una guerra. Que su creador siga incómodo con Eren años después casi parece parte natural de la misma condena narrativa.

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