Ian McKellen tomó al mago de J.R.R. Tolkien y le dio cuerpo, voz, humor, miedo y luz. Y sin que muchos lo notaran, dejó que el propio escritor respirara a través de él.
De las figuras que parecen haber existido desde siempre, incluso antes de que alguien los interpretara en pantalla, Gandalf tiene un lugar especial. Cuando el personaje de Ian McKellen aparece en El Señor de los Anillos, con su sombrero puntiagudo, su bastón, su barba enorme y esa mirada de experiencia, cuesta trabajo pensar que hubo un momento, antes de todo, en el que alguien tuvo que decidir cómo el mago debía caminar, hablar y respirar.
El también actor de X-Men no solo se puso una túnica gris y dejó que la magia hiciera el resto. Su Gandalf se volvió una de esas actuaciones que se quedan por generaciones porque tiene algo muy único: autoridad sin dureza, ternura sin debilidad y una presencia que puede llenar la Tierra Media con pocas frases. No es casualidad que para muchos fans, imaginar a otro actor en el papel sea casi una falta de respeto.
El mago que llevaba algo de Tolkien dentro
Lo que pocos recuerdan es que la actuación de Ian McKellen como Gandalf escondía un detalle precioso: el actor tomó como inspiración directa a J.R.R. Tolkien, el propio creador de El Señor de los Anillos. No fue una imitación obvia, de esas que uno detecta de inmediato. Fue más bien una especie de secreto. McKellen estudió la voz del escritor y buscó incorporar algo de su ritmo, su tono y su acento a uno de los magos más famosos del cine fantástico.
Peter Jackson reveló que el actor se acercó al personaje con esa idea muy clara: Gandalf debía sonar como alguien que perteneciera al mundo de Tolkien, no sólo alguien genérico. Para lograrlo, McKellen escuchó grabaciones del autor y las mezcló con su propio conocimiento del acento inglés del campo. El resultado fue un Gandalf que parecía venir directamente de la imaginación del hombre que lo escribió.
Un casting que pudo haber sido muy distinto
Lo curioso es que Ian McKellen no fue la única opción para Gandalf. En algún momento se habló de Patrick Stewart, y también circularon nombres como Sean Connery, Christopher Plummer, Max von Sydow, Paul Scofield e incluso Morgan Freeman. No suena mal en abstracto, porque Morgan Freeman puede narrar lo que sea y hacerlo sonar bíblico, pero ya en la Tierra Media se siente rarísimo imaginarlo.
Christopher Lee también quería interpretar a Gandalf. El actor, fan declarado de Tolkien y uno de los pocos integrantes del elenco que llegó a conocerlo en persona, incluso envió una foto vestido como mago a Peter Jackson. Al final, Jackson pensó que Lee encajaba mejor como Saruman y tuvo razón.
Leer la Tierra Media todas las noches
Para prepararse, McKellen no se conformó con estudiar la voz de Tolkien. También leía los libros todas las noches durante el rodaje para empaparse constantemente del mundo que estaba habitando. No era solo aprenderse diálogos o entender la trama. Era absorber el ritmo, el tono, las imágenes, los nombres y la forma en que Tolkien construyó lo épico desde lo íntimo.
Que Gandalf llevara algo de Tolkien en la voz le da otra dimensión a la trilogía de Peter Jackson. No fue solo un actor interpretando a un personaje famoso, sino ante una especie de puente entre el autor y la pantalla. McKellen no copió a Tolkien para presumir técnica: lo usó como raíz. Desde ahí construyó una presencia que se siente antigua, literaria y completamente cinematográfica.