A veces el remake no tiene que cambiarlo todo. Solo tiene que recordar muy bien por qué la historia importaba desde el principio.
Las adaptaciones live-action siguen siendo una apuesta delicada. Disney lo sabe mejor que nadie: La sirenita, Blancanieves, El rey león y ahora Moana han provocado discusiones enormes entre quienes aman volver a sus clásicos y quienes sienten que algunas historias funcionaban mejor en animación. No es fácil convertir una película querida en una versión con actores reales sin que medio internet saque la lupa.
Con Moana el reto era todavía más raro, porque no estamos hablando de un clásico lejano de los noventa, sino de una película relativamente reciente. Para muchos, la versión animada de 2016 todavía se siente fresca, con sus canciones, el océano, y Dwayne 'La Roca' Johnson como Maui. Así que si el nuevo live-action no terminó de convencerte, pero todavía te gustan este tipo de adaptaciones, hay otra película que entendió mucho mejor cómo dar el salto.
El live-action que sorprendió al mundo
La película es Cómo entrenar a tu dragón, el live-action de DreamWorks y Universal basado en la cinta animada de 2010. Dirigida por Dean DeBlois, el mismo cineasta detrás de la trilogía original, la historia vuelve a presentar a Hipo, un joven vikingo que no encaja con las expectativas de su pueblo, y a Chimuelo, un Furia Nocturna que termina cambiando para siempre la relación entre humanos y dragones.
La apuesta pudo haber salido muy mal. Cómo entrenar a tu dragón no es cualquier franquicia animada: tiene una base de fans enorme, una música inolvidable de John Powell y una amistad central que muchos recuerdan con verdadero cariño. Pero el live-action logró algo que no todos los remakes consiguen: respetar casi por completo la emoción de la original sin sentirse como una copia sin alma.
También le fue muy bien en taquilla. La película recaudó más de 636 millones de dólares a nivel mundial, una cifra que confirma que el público sí respondió a esta nueva versión. No fue un experimento menor ni llegó como un intento tímido de revivir una marca conocida. Fue una superproducción hecha para recordar que DreamWorks también tiene franquicias capaces de competir en grande.
Hipo y Chimuelo siguen funcionando
La historia se sostiene porque su corazón sigue intacto. Hipo, interpretado por Mason Thames, no es el típico héroe que nace listo para salvar a todos. Es torpe, curioso, sensible y demasiado diferente para una comunidad que mide el valor en el tamaños de los músculos, los gritos y el número de dragones derrotados. Su vínculo con Chimuelo funciona porque no nace del poder, sino de la empatía. Primero observa, luego entiende, y después se atreve a cuestionar todo lo que su pueblo le enseñó.
Ese punto es clave para que la película no se pierda entre efectos visuales. Los dragones importan y Chimuelo está diseñado para despertar ternura sin parecer una caricatura. Pero lo que realmente mueve la historia es la idea de mirar distinto aquello que siempre te dijeron que debías temer. Esa es la fuerza de Cómo entrenar a tu dragón: una aventura enorme construida sobre una amistad sencilla.
Gerard Butler regresa como Estoico, el padre de Hipo, y eso ayuda a conectar la nueva versión con la trilogía animada. Su personaje sigue siendo duro, imponente y profundamente equivocado en la forma de entender a su hijo. Nico Parker también aparece como Astrid, uno de los personajes más importantes del universo de Berk.
Una adaptación que sí entendió su material
A diferencia de otros live-actions que parecen obsesionados con justificar su existencia, Cómo entrenar a tu dragón no intenta hacerse más adulta de la cuenta ni burlarse de su origen animado. Abraza lo que era: una historia de crecimiento, amistad y dragones.
También ayuda que Dean DeBlois conozca esta historia desde dentro. Es alguien que ya había entendido la relación entre Hipo y Chimuelo desde la animación. El cuidado se nota en los momentos pequeños: la primera aproximación, la confianza torpe, el miedo compartido y esa sensación de que el verdadero espectáculo no está solo en volar, sino en ganarse el derecho de hacerlo juntos.