Más allá de los efectos especiales, es la profundidad lo que hace que esta película sea la mejor de todas en la ciencia ficción.
La ciencia ficción tiene un problema cuando alguien intenta elegir “la mejor película de todos los tiempos”: prácticamente nadie se pone de acuerdo. 2001: Odisea del espacio cambió la manera de imaginar los viajes espaciales, Alien, el octavo pasajero llevó el terror hasta una nave perdida en el espacio y Star Wars convirtió el género en uno de los mayores espectáculos de la cultura popular. Luego están Matrix, Terminator y varias películas que también podrían entrar perfectamente en la discusión.
Pero hace algunos años The Guardian decidió hacerle la pregunta a un grupo bastante particular: 56 científicos. No eran críticos de cine ni académicos especializados en Hollywood, sino investigadores acostumbrados a pensar en inteligencia artificial, biología, evolución y comportamiento humano. Su favorita terminó siendo una película que en 1982 imaginó un futuro lleno de seres artificiales prácticamente imposibles de distinguir de nosotros.
'Blade Runner' fue elegida por encima de '2001' y 'Star Wars'
La ganadora fue Blade Runner, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Harrison Ford. En la encuesta realizada por The Guardian quedó por encima de 2001: Odisea del espacio, mientras que Star Wars y El Imperio Contraataca compartieron el tercer puesto. Alien quedó en cuarto y Solaris, de Andrei Tarkovsky, completó los primeros cinco lugares.
La película sigue a Rick Deckard, un antiguo policía encargado de localizar y "retirar" replicantes: seres creados artificialmente que parecen humanos, tienen recuerdos y desarrollan emociones, pero cuya vida está limitada desde el momento en que nacen. Cuatro de ellos regresan ilegalmente a la Tierra y Deckard recibe la misión de encontrarlos en un Los Ángeles futurista, oscuro y permanentemente cubierto de lluvia.
Lo que comienza como una historia detectivesca termina haciendo preguntas mucho menos cómodas. Si una máquina recuerda, siente miedo, desarrolla afecto y sabe que va a morir, ¿qué la hace menos humana que quien fue enviado para matarla? Esa fue precisamente una de las razones que convencieron a los científicos consultados. El biólogo de células madre Stephen Minger llegó a llamarla "la mejor película jamás hecha" y aseguró que se había adelantado mucho a su tiempo al preguntarse qué significa realmente ser humano.
Una prueba de la película se parece a lo que estudian los neurocientíficos
Uno de los elementos más recordados de Blade Runner es el test Voight-Kampff, utilizado para descubrir si alguien es humano o replicante. El interrogador plantea situaciones emocionales mientras una máquina registra reacciones físicas casi imperceptibles. La idea es que los replicantes pueden parecer personas, pero supuestamente no reaccionan con la misma empatía.
Para Chris Frith, profesor del Instituto de Neurociencia Cognitiva del University College London, aquella prueba no estaba tan alejada de investigaciones reales. Al participar en la encuesta señaló que ese tipo de examen tenía similitudes con lo que los neurocientíficos cognitivos ya hacían para estudiar respuestas y procesos mentales. Más de cuatro décadas después del estreno, hablar de máquinas capaces de imitar conversaciones, emociones o comportamientos humanos suena bastante menos lejano que en 1982.
Tardó años para ser reconocida
Ridley Scott tampoco construyó ese futuro desde cero. Blade Runner adapta de manera bastante libre "¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?", novela de Philip K. Dick, aunque la película tomó su propio camino. Scott convirtió Los Ángeles en una mezcla de edificios gigantescos, luces de neón, anuncios enormes, contaminación y tecnología avanzada conviviendo con calles deterioradas. Ese aspecto terminaría marcando buena parte del cyberpunk que llegó después.
Lo curioso es que semejante reputación tardó en aparecer. Cuando se estrenó, Blade Runner no fue recibida como esa obra intocable de ciencia ficción que hoy aparece constantemente en listas. Su ritmo, su tono oscuro y una historia bastante menos convencional que otros grandes estrenos del momento provocaron una respuesta dividida. Con los años, nuevas versiones de la película y una reevaluación crítica terminaron cambiando por completo su lugar dentro del género.
Scott imaginó todo eso en una película estrenada hace más de 40 años y ambientada, irónicamente, en 2019. Su futuro ya quedó atrás en el calendario y todavía no tenemos replicantes caminando por Los Ángeles. Pero viendo hacia dónde han avanzado la inteligencia artificial y la tecnología, aquella pregunta central sigue funcionando igual de bien: si algún día una máquina puede sentir como nosotros, ¿seguiremos teniendo tan claro quién es humano?