Crítica de 'El Bosque Salvaje: Wildwood': La nueva película de Laika demuestra por qué el stop-motion sigue siendo mágico
por Víctor Gómez

La nueva película de stop-motion de Laika llega a los cines de México.

Después de hacer un maratón de todas las películas animadas de Laika, puedo decir con firmeza que El Bosque Salvaje: Wildwood es la película más ambiciosa, deslumbrante y emotiva que ha realizado el estudio hasta la fecha. Con un diseño de producción extraordinario y una exquisita banda sonora, la nueva cinta de Travis Knight lleva la animación stop-motion a otro nivel, demostrando hasta dónde puede llegar esta técnica cuando se combina con una visión artística tan imaginativa como la suya.

Con una narrativa madura y ese característico sentido del humor que distingue a las producciones de Laika, Knight entrega el trabajo más impresionante de su filmografía. Un clásico instantáneo que es toda una experiencia cinematográfica que deslumbra por su apartado visual, la riqueza de sus escenarios y la sensibilidad con la que construye a sus personajes, pero que lamentablemente se queda un poco corta en cuanto a la historia, pero que se recompensa con sus personajes memorables, sus emocionantes secuencias de acción y un transfondo emocional que invita a reflexionar sobre la empatía, la pérdida y la dificultad de dejar ir.

¿De qué trata: El Bosque Salvaje: Wildwood?

La historia sigue a Prue McKeel, una joven que ha crecido escuchando las fascinantes historias de su padre sobre el Bosque Impenetrable, un misterioso lugar a las afueras de Portland, Oregón, al que tiene prohibido entrar. Sin embargo, su vida da un giro inesperado cuando una bandada de cuervos secuestra a su hermano pequeño, Mac, y lo lleva a las profundidades de este bosque.

Acompañada de Curtis, un compañero de clase tímido pero de gran corazón, Prue se adentra en un mundo fantástico habitado por animales antropomórficos, bandidos y facciones enfrentadas por el control de Wildwood. En medio de un conflicto que amenaza con desencadenar una guerra, deberá descubrir una fortaleza que desconocía para rescatar a su hermano y proteger el destino de este reino.

Un universo que lleva el stop-motion a nuevas dimensiones

En su ópera prima Kubo y la búsqueda del samurái, Travis Knight demostró una enorme capacidad para construir mundos cargados de mitología, elementos místicos y escenarios que parecían extenderse mucho más allá de lo que la cámara alcanzaba a mostrar. Aquella película no solo destacó por su impresionante apartado visual, sino también por la manera en que combinaba una aventura épica con una historia profundamente humana sobre la familia y la memoria.

Ahora con Wildwood, el cineasta retoma muchas de esas cualidades y las explota como nunca antes, superando por completo cualquiera de las cintas anteriores del estudio. Knight aprovecha al máximo las posibilidades del stop-motion para trasladar a la pantalla la mitología creada por Colin Meloy y Carson Ellis, construyendo un universo fantástico que se siente tan vasto como misterioso, repleto de distintas criaturas y escenarios que parecen sacados de un sueño que se asemejan mucho a Narnia.

Uno de los detalles que más me gustaron es que, a pesar de estar basada en un libro infantil, Wildwood nunca subestima a su audiencia ni se conforma con ofrecer una aventura fantástica que dependa únicamente de su espectacularidad visual. Por el contrario, Knight apuesta por una historia mucho más íntima y madura, en la que la magia sirve como punto de partida para explorar emociones y conflictos profundamente humanos.

Cada una de las pérdidas mostradas en pantalla se siente muy real, y es que a diferencia de otras cintas animadas donde se suele abordar la muerte de un personaje de manera muy superficial, la cinta de Travis Knight se toma el tiempo necesario para mostrar el peso emocional que dejan estas experiencias, sin necesidad de recurrir a imágenes explícitas. Y es que precisamente esa manera de abordar un tema tan delicado le da a la película una madurez especial que recuerda que la animación no tiene por qué suavizar las emociones más difíciles de la vida para conectar con su audiencia.

Un elenco con mucho corazón

Uno de los grandes aciertos de Wildwood está en la construcción de sus protagonistas. Prue no solo debe encontrar a su hermano, sino también enfrentarse a sus propios temores y descubrir de lo que es capaz en un mundo mágico que la supera en más de una ocasión. Por su parte, Curtis aporta una personalidad torpe, noble y un sentido del humor que equilibra la aventura sin ocultar sus propias inseguridades. Aunque pasan buena parte de la historia separados, ambos resultan fáciles de empatizar, pues demuestran que no hace falta ser el más fuerte o experimentado para marcar la diferencia.

Si bien ellos son el corazón de la película, la historia también se beneficia de sus personajes secundarios que amplían el mundo de Wildwood, haciendo que el viaje de Prue nunca se sienta como una simple sucesión de obstáculos. Sin embargo, no todos reciben el mismo espacio para desarrollarse, por lo que algunos terminan siendo más interesantes tanto por su diseño como por todo su misticismo que hay detrás, como es el caso de la General y Buho Rex.

En cuanto al doblaje latino, Macarena García, Emilio Treviño, Javier Ibarreche y Natalia Téllez forman parte de un reparto que merece especial atención por la manera en que sus voces aportan personalidad y matices a cada uno de sus personajes. En su debut en el doblaje, Macarena García demuestra una sensibilidad única que le permite transmitir las emociones de su personaje de manera natural. Por su parte, Emilio Treviño no es ningún desconocido en el mundo del doblaje, pero en esta ocasión se enfrenta al reto de darle voz a un personaje considerablemente menor que él, logrando adaptar su voz para conservar esa esencia juvenil sin perder la expresividad que caracteriza su trabajo.

Sin embargo, quien más me sorprendió fue Natalia Téllez, quien, a mi parecer, entrega una de sus mejores interpretaciones de su carrera con el personaje de Alexandra, una gobernadora viuda que se encuentra sumida en un mar de dolor. Su actuación consigue transmitir la tristeza y la vulnerabilidad de un personaje marcado por la pérdida, haciendo que sus intervenciones tengan un gran peso emocional, lo que la convierte en el mejor personaje de la historia.

Laika en su máximo esplendor

Si hay un apartado en el que Wildwood demuestra hasta dónde puede llegar Laika, es en su diseño de producción. Si bien en películas anteriores como ParaNorman, Los Boxtrolls y Kubo y la búsqueda del samurái ya habíamos visto ciudades y escenarios repletos de pequeños detalles, en esta ocasión Travis Knight construye un universo que se siente sumamente vivo, con cientos de personajes, criaturas fantásticas y maravillosos paisajes que dejan atónito al espectador.

Ya sea en las calles de Portland, Oregón, o en los rincones del bosque, cada uno de los escenarios tiene una identidad propia que está repleta de fascinantes elementos que invitan a detenerse para apreciar el enorme trabajo artesanal detrás de cada imagen. Más allá de ser visualmente atractivos, cada uno transmite una atmósfera particular que contribuye a que este universo fantástico se sienta tangible.

Esta misma riqueza visual alcanza su punto máximo en la batalla final, la cual considero una de las secuencias más emocionantes y deslumbrantes que he visto en una película animada. Y es que el hecho de pensar que se colocaron más de 100 figuras y se necesitaron más de 400 tomas para lograr semejante magnitud, hace que el resultado sea todavía más impresionante. Cada uno de los movimientos, enfrentamientos y elementos que forman parte de esta secuencia demuestra el enorme nivel de precisión y compromiso. Incluso me atrevería a decir que la creatividad y la destreza técnica detrás de esta batalla están a la altura de los enfrentamientos más memorables de El Señor de los Anillos o de la brutal Batalla de los Bastardos de Game of Thrones.

Al final, el mayor acierto de Wildwood está en su emotivo mensaje sobre la dificultad de dejar ir aquello que amamos y aprender a vivir con la pérdida y el duelo. A través de sus personajes, la película nos recuerda que crecer también significa aceptar que no podemos proteger para siempre a quienes queremos y que por más doloroso que resulte, debemos encontrar la fuerza para seguir adelante. Pero más allá de esta reflexión, la cinta de Travis Knight representa un auténtico triunfo de la animación frente al avance de la inteligencia artificial.

En una época en la que cada vez resulta más sencillo generar imágenes con unos cuantos comandos, Wildwood demuestra que es irremplazable el trabajo de cientos de artistas que dedican años a construir escenarios, moldear personajes y dar vida a cada movimiento cuadro por cuadro. Por más que la IA logre imitar una estética, jamás podrá sustituir por completo la visión artística, la dedicación y el trabajo colectivo que hay detrás de una producción de esta magnitud.

Víctor Gómez
-Colaborador de Base de Datos
Comunicólogo por profesión y cinéfilo empedernido por convicción. Crecí entre Hogwarts, Marvel y una galaxia muy, muy lejana. Entre clásicos, blockbusters y joyas ocultas, siempre busco una película que me
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