Muchos dicen que la comedia mexicana ya no da risa. Que es lo mismo de siempre. Que exagera, que grita y que recicla chistes. Lo repetimos en redes sociales y en conversaciones. Pero luego llega el fin de semana y ahí estamos viendo La Familia P. Luche, Una Familia de Diez y María de Todos los Ángeles, series que muchos calificaron como "simples" o "ridículas", pero que dominaron ratings durante años.
Y ni hablar de películas como No manches Frida o ¿Qué culpa tiene el niño?, que fueron objeto de críticas feroces… mientras llenaban salas. Y aquí surge una pregunta que es incómoda: si tanto nos molestan, ¿por qué las seguimos viendo?
El dato que no miente
Las cifras de la Cámara Nacional de la Industria Cinematográfica (CANACINE) son bastante claras. Cuando se revisa el listado histórico de las películas mexicanas más taquilleras, el patrón es evidente: la comedia manda.
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Ahí está No se aceptan devoluciones, dirigida y protagonizada por Eugenio Derbez, que recaudó más de 600 millones de pesos en México y se convirtió en un fenómeno también en Estados Unidos. Le sigue Nosotros los Nobles, que superó los 340 millones de pesos y redefinió el alcance comercial del cine nacional contemporáneo. Y más recientemente, No manches Frida 2, que también rebasó los 320 millones de pesos en taquilla.
Tres de las películas mexicanas más exitosas de todos los tiempos. Tres comedias. No dramas históricos, ni thrillers oscuros, ni cine de autor premiado en festivales europeos.
Nos quejamos pero pagamos boleto
Aquí es donde aparece la paradoja. En redes sociales abundan los comentarios que critican el "humor fácil" o las fórmulas repetidas. Se habla de falta de riesgo y de que el cine mexicano debería apostar por algo "más profundo".
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Pero cuando esas mismas películas llegan a cartelera o aterrizan en plataformas de streaming, se colocan en el top casi de inmediato. ¿Por qué? Porque la comedia cumple algo que el público valora enormemente: entretenimiento directo. Dos horas para desconectarse y reír sin demasiada explicación. Y en un país donde el estrés cotidiano es alto, esa válvula de escape tiene un valor enorme.
La tradición del humor mexicano
No es un fenómeno nuevo. Desde la Época de Oro, el humor ha sido una herramienta poderosa en el cine nacional. Personajes caricaturescos como Cantinflas, sátira social, crítica disfrazada de broma.
La diferencia es que hoy el público parece tener una relación de amor y odio con ese tipo de historias. Las critica intelectualmente, pero las respalda económicamente. Quizá porque existe una desconexión entre lo que creemos que "deberíamos consumir" y lo que realmente disfrutamos.
Quizá la conversación debería cambiar. En lugar de fingir que despreciamos la comedia popular, tal vez habría que aceptar que forma parte esencial de nuestra identidad cultural.