Hay franquicias como Star Wars, Harry Potter y Volver al futuro que viven de la pura nostalgia. Uno regresa a ellas porque creciste con sus personajes, porque su música te pega directo en el corazón o porque simplemente se volvieron parte del ADN popular. Pero una cosa es volver por cariño y otra muy distinta es conseguir que el público sienta emoción real otra vez.
Eso fue justamente lo que pasó con cierta entrega jurásica que llegó cuando muchos pensaban que la fórmula ya estaba más que exprimida. La realidad es que los dinosaurios nunca pasan de moda, pero mantener viva una saga que arrancó en 1993 con Steven Spielberg no es cualquier cosa. Menos cuando el peso del original sigue siendo tan enorme que cualquier secuela entra automáticamente en terreno peligroso.
Un regreso gigantesco, costoso y bastante más importante de lo que parece
Lo curioso es que la película que terminó dándole un nuevo empujón a la franquicia lo hizo a un nivel descomunal. Jurassic World: Dominio acabó convirtiéndose en la cinta de ciencia ficción más cara de la historia, con un costo de casi 584 millones de dólares. Además, pese a las críticas divididas, la película superó los mil millones de dólares en taquilla mundial, dejando claro que el interés por esta saga seguía vivito y coleando.
Universal Pictures
Y eso cambia bastante la conversación. Porque más allá de si a unos les encantó y a otros los enojó, Jurassic World: Dominio sí logró algo importante: reactivar una franquicia que nació con Jurassic Park. En México, la película se encuentra disponible para renta en Amazon Prime Video, y también como parte de la suscripción de Claro video.
De Spielberg a Trevorrow: el tamaño del monstruo
Recordar a Jurassic Park es seguir hablando de uno de los grandes golpes de efecto del cine comercial. La película de Spielberg no solo llevó los dinosaurios a otro nivel visual: también convirtió una premisa de aventura científica en un evento cultural. El asombro, el miedo, la música, el vaso de agua vibrando, todo eso quedó tatuado en la memoria colectiva.
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La trilogía de Jurassic World entendió rápido que no podía competir únicamente con el recuerdo del original, sino que necesitaba expandir el juego. Ya no bastaba con un parque fuera de control: ahora había que pensar en dinosaurios compartiendo territorio con los humanos, en corporaciones manipulando la genética y en una escala mucho más global.
Jurassic World: Dominio, dirigida por Colin Trevorrow, se coloca justo ahí: cuatro años después de la destrucción de Isla Nublar, con las criaturas ya sueltas por el mundo y obligando a la humanidad a convivir con ellas, para bien o para mal.
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Una de las jugadas más efectivas de Jurassic World: Dominio fue entender que el público no solo quería ver dinosaurios haciendo destrozos. También quería sentir que esta historia conectaba de forma más clara con la saga que inició Spielberg. Por eso el regreso de Laura Dern, Sam Neill y Jeff Goldblum fue la unión de dos generaciones dentro del mismo universo.
Con todo y discusiones, memes, reseñas mixtas y un presupuesto de locura, la película volvió a poner a la franquicia en el centro de la conversación. No es poca cosa. Revivió a una saga legendaria, reconectó con sus raíces "spielbergianas" y recordó algo muy simple: los dinosaurios siguen siendo un espectáculo irresistible.