Hay películas que uno se sabe casi de memoria y aun así la vuelve a caer cada vez que aparecen en la televisión o en el catálogo de streaming. Viernes de locos, Jueego de gemelas o Mi pobre angelito entran en esa categoría: cintas que se repiten sin problema y siguen funcionando igual de bien en una tarde cualquiera. No importa si ya conoces cada giro, cada chiste y hasta la música de ciertas escenas, siempre cae como anillo al dedo.
Luego están las otras. Las que te gustan, te impresionan o de plano te dejan con la boca abierta, pero no te provocan nada ganas de repetir la experiencia pronto. No porque sean malas, al contrario: a veces son tan duras, intensas o incómodas que una sola vuelta basta y sobra. Ese es el tipo de películas que suelen quedarse en la mente por años, aunque uno no vuelva a darles play.
La clase de película que no pide una segunda cita
En esa lista entra Réquiem por un sueño, la película de Darren Aronofsky que salió en 2000 y que, con el paso del tiempo, se convirtió en una de esas obras que toda una generación recuerda con una mezcla rara de admiración y desgaste emocional. El propio director ha contado que mucha gente se le acerca para decirle que es su película favorita, pero que no quiere volver a verla jamás. La frase no suena a exageración sino a un diagnóstico bastante preciso.
Artisan Entertainment
La cinta sigue a cuatro personajes arrastrados por distintas formas de adicción: Harry, Marion, Tyrone y Sara, una mujer mayor obsesionada con bajar de peso para aparecer en televisión. Jared Leto, Jennifer Connelly, Marlon Wayans y Ellen Burstyn cargan con la historia y lo hacen impecable, porque Aronofsky no suaviza nada. Desde el principio queda claro que esto no va por el camino del drama complaciente ni del relato de superación fácil.
Un golpe al estómago que no se olvida
Parte de lo que volvió tan famosa a Réquiem por un sueño tiene que ver con su forma. Aronofsky ya venía de llamar la atención con Pi, pero aquí llevó su estilo a un terreno mucho más agresivo: montaje acelerado, primeros planos invasivos, repeticiones visuales y una sensación de ansiedad que se va metiendo bajo la piel. No te deja estar cómodo, sino que arrastra.
Artisan Entertainment
También está la música de Clint Mansell, que terminó convertida en una de las partituras más reconocibles del cine de los 2000. Mucha gente identifica esa melodía aunque haya pasado años sin ver la película. A eso se suma Ellen Burstyn, que recibió una nominación al Oscar por su trabajo como Sara Goldfarb, quizá el personaje más devastador de toda la historia.
No es una película sobre drogas y ya
Reducirla a una película "sobre drogas" siempre se ha quedado corto. La adicción está en el centro, pero la historia también habla de obsesión, hambre de validación, soledad, presión estética y esa idea del sueño personal que poco a poco se pudre. En ese sentido, la película envejeció de una forma extraña: se siente muy de su tiempo y, al mismo tiempo, sigue pegando como si hablara del presente.
Si después de todo eso te dieron ganas de regresar a ella, o de tacharla por fin de tu lista, Réquiem por un sueño está disponible en streaming en México a través de Amazon Prime Video con Lionsgate+. No es precisamente la clase de plan ligero para cerrar el día, pero ahí está, como la maravilla que es.