A veces se piensa que el thriller erótico parecía cosa del pasado. Un género muy noventero, de de videoclub, con cuerpos sudados, celos, traiciones y relaciones que se iban pudriendo mientras alguien fingía que todo seguía bajo control. Durante años, el cine dejó medio abandonado el territorio de cintas como Atracción fatal, Bajos instintos y Ojos bien cerrados lo convirtió en un gesto de nostalgia. Pero recientemente apareció una película que entendió perfecto cómo traerlo de vuelta sin hacer cosplay de otra época.
Porque el erotismo en el cine no siempre entra por la vía de lo explícito. A veces está en la presión, en la competencia, en lo que se desea y al mismo tiempo se resiente. En esas relaciones donde la atracción no baja la tensión, sino que la multiplica. Ahí es donde Juego limpio entra en escena: no solo como historia de pareja, sino como una guerra íntima disfrazada de ascenso laboral.
Un romance que se empieza a romper desde adentro
La película está en Netflix México y es una de las apuestas más filosas del catálogo cuando se trata de deseo, poder y resentimiento. Juego limpio sigue a Emily y Luke, una pareja que trabaja en el mismo fondo de inversión y mantiene su relación en secreto. Todo cambia cuando llega un ascenso inesperado y lo que parecía una historia de amor ambiciosa se convierte en una pelea sucia por estatus, masculinidad y control.
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Lo interesante es que la película no tarda en dejar claro que aquí el sexo no está puesto como adorno, sino que está metido en el centro del conflicto. La cinta se mueve entre el drama financiero y, al mismo tiempo, un thriller romántico que explora la pasión sexual y la competencia en una pareja joven. La mezcla es justo lo que la vuelve tan tensa: el deseo nunca está separado de la humillación, la inseguridad o la violencia emocional.
Phoebe Dynevor y Alden Ehrenreich hacen que todo se sienta más peligroso
Phoebe Dynevor, a quien mucha gente todavía ubica por Bridgerton, aquí está en un registro mucho más áspero. Emily no es una víctima ni una heroína: es una mujer brillante, ambiciosa y muy consciente de lo que le costó llegar ahí. Del otro lado está Alden Ehrenreich como Luke, que arranca como pareja ideal y poco a poco se convierte en algo mucho más frágil, más mezquino y más inquietante.
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Juego limpio le da una perspectiva contemporánea al thriller erótico noventero, pero también es una historia atravesada por la radicalización masculina, la misoginia y el resentimiento cuando una mujer ocupa el lugar que un hombre creía suyo. Se siente como algo que la película va dejando salir poco a poco, hasta que ya no queda nada sexy en el sentido cómodo del término.
Llamarla una de las películas eróticas más sofisticadas y tensas de los últimos años no suena exagerado. No es sólo una cinta sexy: es inteligente. Es una película sobre cómo el deseo también puede pudrirse cuando se cruza con el ego, el dinero y la necesidad de dominar al otro.