Para Dennis Hopper, las montañas de Taos en Nuevo México le dieron algo que Hollywood jamás le dio: descanso
Uriel Linares
Uriel Linares
-Editor en jefe Sensacine México Latam
Periodista y fotógrafo mexicano. Mi padre me enseñó a apreciar el cine de autor y clásicos de Hollywood, y mi madre me introdujo al mundo del terror, la ciencia ficción y la Época de Oro del cine mexicano.

Lejos del glamour de Hollywood y de las cámaras de cine existe un pequeño y misterioso poblado en el Norte de Nuevo México donde se guarda con cariño el recuerdo del legendario actor Dennis Hopper.

Hubo una época de Hollywood donde los revólveres acompañaban a los chicos malos del cine. Donde el wester comenzaba a expandir sus dominios en el gusto del público. Es ahí donde nació una estrella: Dennis Hopper, conocido como uno de los rostros más constantes en el cine durante varias décadas, pero su despedida no estuvo lleno de esplendor y excesos, eligió las místicas montañas de Nuevo México.

Para muchos, Hopper fue el eterno "chico malo" del cine, pero para los habitantes de las montañas Sangre de Cristo, Dennis fue un agradable vecino que admiraba los eternos paisajes de Taos, algo que la incesante ciudad de Los Ángeles nunca pudo darle.

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Una profecía indígena y un camino equivocado

La historia de cómo Hopper llegó a Taos pareciera que fue sacada de la aguda mente de un talentoso guionista. Fue a finales de los años 60, mientras recorría el suroeste buscando locaciones para una de sus películas más recordadas, Easy Rider, donde el actor se perdió en el camino.

Esta historia fue contada por el mismo Hopper, sí, terminó en Taos por error. Al bajar de su coche, un hombre de la comunidad indígena local se le acercó y le dijo algo que cambiaría su vida para siempre: “La montaña te sonríe. Sé a dónde tienes que ir”.

Con esta frase el también actor de películas como Apocalypse Now de Francis Ford Coppola o Blue Velvet de David Lynch, fue como encontró el misticismo en su vida. Hopper no sólo filmó gran parte de su filmografía en Nuevo México, también se mudó al pueblo, compró una propiedad y se convirtió en el residente más famoso.

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Del caos de Hollywood a la paz de las montañas

La realidad es que el vínculo de Hopper con Taos no siempre fue tranquila. Durante la década de los 70, consumido por el exceso y la paranoia, se dice que instaló una ametralladora en el techo de su casa. Sin embargo, con el paso de los años, el desierto y la cultura local le fueron cambiando su perspectiva de la vida.

El hombre que protagonizó clásicos junto a James Dean terminó sus días como un auténtico "caballero de la montaña". Prueba de ello fue cuando el alcalde de Taos le entregó las llaves de la ciudad y reconociendo que Hopper le había dado a este rincón de Nuevo México un lugar en el mapa del cine mundial.

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Una tumba con un balón de básquetbol

Cuando Hopper falleció en 2010, su última voluntad fue clara: quería regresar a Taos. Fue así como su cortejo fúnebre recorrió las calles llenas de tierra y terminó en una tumba tan sencilla como la paz que siempre anheló.

Hoy, si estás de paso por Nuevo México y visitas su tumba, notarás un detalle curioso: un balón de básquetbol desinflado descansa sobre la tierra. Este es en realidad un tributo silencioso a su papel en la película Hoosiers, la única actuación que le valió una nominación al Oscar como Mejor actor de reparto en 1987, categoría que ganó el legendario británico: Michael Caine con su arrolladora actuación en Hanna y sus hermanas.

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El legado de Dennis Hopper que el mundo debería recordar

Para la comunidad latina y los residentes del suroeste de EE. UU., la tumba de Dennis Hopper es más que un sitio turístico; es prácticamente un recordatorio de que los más grandes rebeldes de la cultura estadounidense encontraron en las montañas el único lugar donde pudieron ser ellos mismos.

Allá donde ningún fotógrafo llegan, donde las palabras de los críticos no se escuchan y donde las luces son reemplazadas por las estrellas que siguen cuidando de noche la tumba de una leyenda.

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