El mayor fracaso de Peter Jackson: una película de ciencia ficción que pretendía ser la sucesora postapocalíptica de 'El Señor de los Anillos'
Sergio Negrete
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Al final, la película quedó como una rareza cara, ambiciosa y fallida. Peter Jackson ya había demostrado que podía levantar mundos imposibles. Con esta cinta, Hollywood descubrió que también podía verlos caer.

El Señor de los Anillos sigue siendo el estándar de las grandes sagas cinematográficas. No solo por sus batallas, sus paisajes imposibles y esa música que todavía puede poner solemne hasta un viaje al súper, sino por todo lo que consiguió en taquilla y premios. La trilogía de Peter Jackson convirtió una obra literaria considerada casi imposible de adaptar en un fenómeno global que arrasó con la conversación cinéfila y terminó ganando 17 premios Oscar en total.

Después de algo así, era fácil pensar que cualquier proyecto ligado a Jackson ha tenido una especie de bendición automática. Si el mismo equipo que levantó la Tierra Media se metía a construir otro mundo enorme, con ciudades gigantes, guerras, héroes jóvenes y una mitología propia, la lógica decía que el resultado debía ser otro evento. Hollywood también pensó eso pero no siempre tiene la razón.

El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo
El Señor de los Anillos: La Comunidad del Anillo
Fecha de estreno 21 de diciembre de 2001 | 2h 58min
Dirigida por Peter Jackson
Con Elijah Wood, Sean Astin, Ian McKellen
Medios
3,9
Usuarios
4,1
Streaming

Ciudades que se devoran entre sí

La película fue Máquinas mortales, estrenada en 2018 y basada en la novela de Philip Reeve. Aunque Peter Jackson no la dirigió, sí la produjo y coescribió junto a Fran Walsh y Philippa Boyens, colaboradoras clave en El Señor de los Anillos y El Hobbit. La dirección quedó en manos de Christian Rivers, veterano del equipo de efectos visuales de Jackson y ganador del Oscar por su trabajo en King Kong. Sobre el papel, todo sonaba a nueva franquicia épica pero en la práctica, se volvió uno de los fracasos más grandes.

Universal Pictures

La premisa de Máquinas mortales era rara, pero también bastante llamativa. En un futuro postapocalíptico, las ciudades ya no permanecen fijas en el mapa: se mueven sobre ruedas gigantescas y cazan asentamientos más pequeños para devorarlos, absorber sus recursos y seguir avanzando. Londres, convertida en una bestia mecánica, funciona como una depredadora urbana.

La historia sigue a Hester Shaw, una joven marcada por una tragedia personal, y a Tom Natsworthy, un habitante de Londres que termina expulsado de su mundo cómodo y obligado a descubrir la maquinaria brutal que sostiene esa sociedad. Había aventura, venganza, tecnología vieja mezclada con ruinas del futuro, estética steampunk y un universo con suficiente material para varias películas. El problema fue que el público no compró el boleto para quedarse a vivir ahí.

Quería ser una nueva saga, pero llegó tarde

Máquinas mortales apareció en un momento complicado para las franquicias juveniles de fantasía y ciencia ficción. Después del boom de Harry Potter, Crepúsculo, Los juegos del hambre y Divergente, Hollywood había intentado convertir casi cualquier saga literaria en el siguiente gran fenómeno. Para 2018, la fórmula ya venía cansada. El público no parecía tan dispuesto a comprometerse con otro universo nuevo.

Universal Pictures

Además, la película no tenía una estrella enorme al frente ni una propiedad intelectual reconocida por las masas. El nombre de Peter Jackson pesaba, pero no era suficiente para vender una franquicia desde cero. En su momento que la cinta abrió con apenas 7.5 millones de dólares en Estados Unidos frente a un presupuesto de 100 millones, una señal dura para una producción que necesitaba funcionar como el inicio de algo mucho más grande.

Ni el mundo visual pudo salvarla

Lo más injusto, quizá, es que Máquinas mortales sí tenía imágenes poderosas. La idea de ciudades motorizadas persiguiéndose en terrenos desolados era lo bastante absurda para volverse memorable. Había diseños ambiciosos, persecuciones enormes y una construcción visual que intentaba mezclar lo antiguo, lo industrial y lo futurista. No era falta de imaginación en el concepto. El problema estaba en cómo todo eso se acomodaba dentro de la película.

La crítica fue severa con sus personajes, su guion y su sensación de producto armado para arrancar una franquicia antes de ganarse el cariño del público. Además, la cinta tuvo que competir en cartelera con Spider-Man: Un nuevo universo, que terminó robándose buena parte de la conversación cinéfila de ese cierre de año.

La caída de Máquinas mortales dejó una lección incómoda: el prestigio creativo no siempre alcanza para construir una franquicia. Peter Jackson podía venir de la Tierra Media, Weta podía ofrecer mundos enormes y el equipo podía tener experiencia de sobra, pero el público necesitaba algo más que escala. Necesitaba personajes que engancharan, una historia que no se sintiera heredera automática de otras sagas y una razón clara para volver.

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