Diego Luna lleva tantos años frente a cámara que a veces se nos olvida su otra faceta: la de director que se acerca a historias familiares. No es el mismo registro de Andor, ni el de Y tu mamá también, ni el de esas entrevistas donde parece tener siempre una respuesta creativa y lista. Cuando está detrás de la lente, Luna suele mirar hacia los vínculos rotos, las ausencias y las casas donde alguien tuvo que crecer demasiado rápido.
Su regreso al Festival de Cannes con Ceniza en la boca no fue cualquier aparición en alfombra roja. La película llegó acompañada de Gael García Bernal, Marina de Tavira, Alfonso Cuarón, Adriana Paz y Anna Díaz, pero el momento no se quedó en la foto bonita de festival. La función tuvo algo más íntimo: un director presentando una historia sobre migración, familia y abandono frente a personas que forman parte de su propia vida.
Diego Luna volvió a Cannes con una película sobre ausencias
Durante la presentación de Ceniza en la boca, Diego Luna explicó que la película lo tocó de manera personal porque habla de padres, madres e hijos marcados por aquello que no se dice y por quienes no están. El actor y realizador mexicano dijo que la cinta funciona para él como "un recordatorio del padre que no quiere ser", una frase que conecta con su propio recorrido como cineasta y como hijo.
Luna recordó que hace 16 años había presentado Abel en Cannes, otra película atravesada por padres y madres ausentes. Aquella vez dedicó la función a su papá, Alejandro Luna. Ahora, con Ceniza en la boca, volvió a hablar desde ese lugar, solo que con otra edad y otra mirada. En la sala también estaba su hijo Jerónimo, a quien agradeció por ayudarlo a preparar unas palabras en francés antes de cambiar a su propio idioma.
La conexión entre ambas películas no es casual. Cannes también recordó que Abel, su primer largometraje de ficción, seguía a un niño obligado a ocupar el lugar del padre tras una ausencia familiar. Ceniza en la boca lo lleva de vuelta a esa zona, pero con otro peso: ya no desde la mirada de un niño que juega a ser adulto, sino desde una joven obligada a cargar una historia que no eligió.
Una historia migrante que no busca suavizar
Basada en la novela homónima de Brenda Navarro, Ceniza en la boca sigue a Lucila, una joven mexicana de 21 años que viaja a España con su hermano para reencontrarse con su madre. El viaje, en teoría, tendría que abrir una posibilidad de vida distinta. En la práctica, la enfrenta a otro tipo de violencia: racismo, precariedad, marginación y una herida familiar que nunca dejó de crecer.
La película fue rodada entre Barcelona y Ciudad de México, y el propio Festival de Cannes la presentó como una producción mexicano-española centrada en el desarraigo. No es una historia de migración contada desde el discurso bonito de la superación, sino desde la incomodidad de lo que se deja atrás y lo que se encuentra al llegar. Luna habló de quienes tienen que buscar otro lugar, pero también de lo que los demás hacemos o dejamos de hacer frente a esas vidas.
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En esa línea, Ceniza en la boca parece dialogar con una parte muy clara de la carrera de Luna y Gael García Bernal. Ambos han acompañado proyectos donde la migración no son temas decorativos, sino como una realidad que marca cuerpos, acentos, familias y futuros.
Gael, Cuarón y Netflix acompañan el nuevo paso de Luna
La noche en Cannes también tuvo ese aire de reunión mexicana. Gael García Bernal llegó como productor ejecutivo y acompañó a Luna en una presentación que terminó con aplausos fuertes dentro de la sala Luis Buñuel. Alfonso Cuarón, figura clave en la historia de ambos desde Y tu mamá también, también estuvo presente y elogió la película al final de la función.
Adriana Paz y Anna Díaz forman parte del elenco central, mientras que Inna Payán, Valérie Delpierre y Luis Salinas aparecen entre los productores. Para Luna, el proyecto fue una experiencia de libertad sostenida por su equipo, algo que remarcó antes de que la película quedara en manos del primer público de Cannes. La cinta se presentó fuera de competencia, dentro de las funciones especiales del festival, un espacio donde muchas veces aparecen obras que no buscan solo entrar a la carrera por premios.