Hay películas que no necesitan demasiada explicación: basta escuchar el rugido de un motor, ver un auto saltar de un edificio o a Vin Diesel hablando de familia con toda la seriedad del mundo. Rápidos y furiosos pasó de ser una historia callejera sobre carreras ilegales a una franquicia donde los conductores y autos ya casi funcionan como superhéroes con llantas.
La saga se volvió ese tipo de espectáculo que no pide permiso a la lógica. Autos contra submarinos, persecuciones imposibles, peleas en aviones, hackers y un grupo de personajes que ha sobrevivido a demasiadas explosiones. A estas alturas, nadie entra a una entrega de Rápidos y furiosos buscando realismo: entra buscando velocidad, exageración y una dosis generosa de caos.
La octava entrega está lista para una noche de acción
La película es Rápidos y Furiosos 8, también conocida como The Fate of the Furious, estrenada en 2017 y disponible actualmente en HBO Max. En esta entrega, Dominic Toretto traiciona a su propio equipo después de caer bajo la influencia de Cipher, una ciberterrorista interpretada por Charlize Theron que llega para romper la estabilidad del grupo desde adentro.
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El gancho dramático era fuerte para la saga: Dom, el hombre que había convertido la palabra "familia" en religión de gasolina, se ponía del otro lado. Letty, Hobbs, Roman, Tej y compañía tenían que perseguir al mismo líder que los había mantenido unidos durante años. Suena a telenovela con autos blindados, pero justo ahí vive parte del encanto de la franquicia.
La película también marcó la primera entrega principal después de la despedida emocional de Paul Walker en Rápidos y furiosos 7. La saga ya no podía apoyarse en la dupla Brian-Dom como antes, así que necesitaba redibujar su dinámica sin perder la sensación de equipo. Lo resolvió a su manera: subiendo el volumen, metiendo más estrellas y llevando la acción a un nivel todavía más absurdo.
Más de mil 236 millones de dólares en taquilla
Aunque a veces circulan cifras más infladas, el dato verificable de taquilla mundial de Rápidos y furiosos 8 es de mil 236 millones de dólares, de acuerdo con Box Office Mojo. La película recaudó 226 millones en Estados Unidos y Canadá, y más de mil 9 millones en mercados internacionales, confirmando algo que la saga ya sabía muy bien: su verdadero poder estaba fuera de Norteamérica.
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Su arranque fue una locura. En 2017, la cinta rompió récord de estreno global con 532.5 millones de dólares en su primer fin de semana, superando en ese momento la marca que tenía Star Wars: El despertar de la Fuerza. Gran parte del impulso vino del mercado internacional, especialmente de China, donde la franquicia ya era un monstruo de taquilla.
Charlize Theron cambió el juego como Cipher
La llegada de Cipher le dio a la saga una villana distinta. No era solo alguien que quería correr más rápido o golpear más fuerte. Su amenaza venía desde la tecnología, la vigilancia y el control. En una franquicia obsesionada con motores, músculo y lealtad, meter a una hacker capaz de manipular sistemas completos fue una forma bastante clara de actualizar el peligro.
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Además, la película entendió que Jason Statham funcionaba mejor cuando no intentaba ser solo villano. Su Deckard Shaw, que había llegado como amenaza en entregas anteriores, aquí empieza a moverse hacia ese territorio de enemigo a aliado incómodo que tanto le gusta a la saga. En Rápidos y furiosos, si peleaste contra la familia y sobreviviste, tarde o temprano podrías terminar de invitado.
Rápidos y furiosos 8 no es la entrega más emocional de la saga ni la más fresca, pero sí una de las que mejor resumen su etapa de exceso absoluto. Ya no queda casi nada de aquellas carreras callejeras de la primera película. Ahora todo es espionaje global, armas nucleares, autos inteligentes y personajes que parecen inmunes a las leyes básicas de la física.