Hay películas de ciencia ficción como E.T., el extraterrestre, Volver al futuro y Ready Player One: comienza el juego que sueñan bonito y ya. Inventan naves, planetas, portales, tecnologías imposibles y se apoyan en la emoción del viaje para que el público no pregunte demasiado. No tiene nada de malo. A veces uno va al cine a ver estrellas, agujeros negros y astronautas sin necesidad de sacar la enciclopedia.
Interestelar, en cambio, siempre jugó en otra liga. Christopher Nolan quería una película monumental, con drama familiar, música de Hans Zimmer y Matthew McConaughey llorando frente a una pantalla. Pero también quería que el espacio se sintiera raro por las razones correctas. No solo visualmente impresionante, sino construido sobre física real. Ahí entró Kip Thorne, físico teórico, premio Nobel y una de las mentes clave detrás del aspecto más famoso de la cinta.
Gargantúa no salió de la imaginación de un artista
El gran descubrimiento visual de Interestelar fue Gargantúa, el agujero negro alrededor del cual gira buena parte de la película. Para crearlo, Nolan no pidió simplemente algo oscuro, enorme y amenazante. El equipo de efectos visuales de DNEG trabajó con Thorne para desarrollar un software capaz de calcular cómo viajaría la luz alrededor de un agujero negro en rotación, tomando en cuenta la relatividad general de Einstein.
Paramount Pictures
El resultado fue tan extraño que al principio parecía un error. El disco no se veía como una dona plana alrededor del agujero negro, sino como una especie de anillo luminoso doblado sobre sí mismo. La gravedad curvaba la luz de tal manera que la parte posterior del disco también aparecía encima y debajo de la sombra central. Básicamente, el agujero negro deformaba la imagen del universo a su alrededor.
Lo brutal fue que la imagen no nació de una ocurrencia estética, sino de ecuaciones. El equipo creó el Double Negative Gravitational Renderer, un sistema diseñado para seguir haces de luz en el espacio-tiempo curvado de un agujero negro giratorio. En palabras más sencillas, construyeron un monstruo digital obedeciendo reglas físicas reales. Y cuando lo dejaron hacer su trabajo, Gargantúa apareció con esa silueta.
Años después, el universo se pareció a la película
En 2019, el Event Horizon Telescope presentó la primera imagen real de un agujero negro: M87*, ubicado en el centro de la galaxia Messier 87. La fotografía mostraba una sombra oscura rodeada por un anillo brillante de material caliente, deformado por una gravedad tan intensa que la luz misma parecía doblarse alrededor del vacío. La imagen era borrosa, naranja y nada “cinematográfica en el sentido tradicional.
Interestelar no fotografió el futuro ni predijo la imagen exacta como si Nolan hubiera tenido una bola de cristal escondida en el set. La comparación tiene sus límites. Gargantúa fue diseñado para una película, con decisiones visuales pensadas para que el público pudiera entender lo que veía. La imagen de M87* vino de una red mundial de radiotelescopios, toneladas de datos y procesamiento científico.
Aun así, el parecido conceptual fue enorme. El anillo de luz, la sombra central y la distorsión causada por la gravedad ya estaban, anticipadas por una simulación que respetaba la física con una obsesión poco común en Hollywood. Interestelar le dio al público una imagen razonablemente fiel de cómo podía verse un agujero negro años antes de que la humanidad lograra observar uno de manera directa.
La ciencia ficción que se adelantó a una fotografía histórica
Parte de la grandeza de Interestelar está en que nunca separa del todo emoción y ciencia. La película puede ponerse sentimental, intensa, incluso medio fantasiosa, pero sus mejores imágenes tienen una base que las vuelve más poderosas. Y Gargantúa asusta porque se siente como algo que podría existir ahí afuera, indiferente, hermoso y absolutamente peligroso.
Cuando años después apareció la imagen de M87*, mucha gente pensó de inmediato en la película de Nolan. No porque fueran idénticas, sino porque Interestelar ya había educado visualmente al público para entender esa forma imposible: un círculo de luz atrapado alrededor de una oscuridad. De pronto, una fotografía científica histórica se sintió un poco menos abstracta gracias a una cinta de ciencia ficción estrenada cinco años antes.