La película que todo el mundo debería ver al menos una vez en la vida: 'El show de Truman' muestra a Jim Carrey como nunca se le había visto
Sergio Negrete
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Lo mejor es que 'El show de Truman' no necesita volverse oscura para ser perturbadora. La pesadilla no está escondida en sombras, sino a plena luz del día.

La mayoría ubica a Jim Carrey por esa energía imposible de contener que lo volvió una de las grandes figuras de la comedia en los noventa. La máscara, Ace Ventura, Mentiroso, mentiroso, El Grinch y, más recientemente, Sonic: La película lo dejaron instalado como un actor capaz de convertir cualquier gesto en caricatura viva. Su cara parecía hecha de liga, su cuerpo de resorte y su timing cómico es de otra dimensión.

Pero reducir a Carrey a muecas, gritos y personajes desatados sería quedarse con una parte muy pequeña de su carrera. Entre sus mejores trabajos hay papeles más serios, melancólicos e incluso profundamente incómodos. Ahí están Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, El lunático y una película de finales de los noventa que cambió para siempre la forma en que muchos lo miraban. No como comediante haciendo drama, sino como actor completo.

The Truman Show: Historia de una vida
The Truman Show: Historia de una vida
Fecha de estreno 2 de octubre de 1998 | 1h 43min
Dirigida por Peter Weir
Con Jim Carrey, Laura Linney, Natascha McElhone
Medios
4,1
Usuarios
3,1

Jim Carrey como nunca se le había visto

Esa película es El show de Truman, dirigida por Peter Weir y estrenada en 1998. Carrey interpreta a Truman Burbank, un hombre común, amable y bastante ingenuo que vive en un pueblo perfecto, con una esposa perfecta, vecinos sonrientes y una rutina tan limpia que hasta da sospecha. Lo que él no sabe es que toda su vida ha sido un programa de televisión transmitido al mundo entero desde que nació.

Scott Rudin Productions

La premisa pudo haberse ido fácilmente hacia la comedia absurda, y con otro actor quizá habría terminado así. Pero Carrey hace algo más raro. Le da a Truman una inocencia muy única, casi infantil, sin hacerlo tonto. Su sonrisa, sus saludos exagerados y sus frases tienen algo gracioso al inicio, pero poco a poco se van llenando de tristeza. Lo que parecía encanto empieza a sentirse como jaula.

La película funciona porque nunca se burla de Truman. Al contrario, lo mira con una ternura enorme mientras el mundo entero, dentro y fuera de la ficción, lo consume como entretenimiento. Todos saben la verdad menos él. Su esposa actúa, su mejor amigo actúa, sus vecinos actúan, incluso el cielo sobre su cabeza es parte de un set gigantesco. Su vida entera es mentira, pero sus emociones son reales.

Una película que se adelantó demasiado

Vista hoy, El show de Truman se siente casi profética. En 1998, los reality shows todavía no eran el monstruo cultural que serían después, las redes sociales no gobernaban la vida diaria y la idea de vivir observado todo el tiempo sonaba más a ciencia ficción que a rutina. La película llegó antes de que todos empezáramos a transmitir pedazos de nuestra intimidad como si nada.

Scott Rudin Productions

Peter Weir y el guionista Andrew Niccol entendieron algo muy peculiar: el horror no estaba solo en las cámaras ocultas, sino en la naturalidad con la que todos aceptaban mirar una vida ajena como producto. Truman no es famoso por cantar, actuar o ganar un concurso. Es famoso por existir. Por enamorarse, llorar, trabajar, dormir, bañarse y sufrir frente a millones de espectadores que lo sienten cercano, aunque nadie lo trate realmente como persona.

El show de Truman es una película que todo el mundo debería ver al menos una vez porque habla de libertad de una forma sencilla, directa y profundamente humana. No hace falta saber de cine, teorías mediáticas o filosofía para entender lo que está en juego. Basta con ver a Truman empezar a sospechar, mirar las grietas de su mundo y preguntarse si afuera hay algo más que miedo.

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