En Spider-Man: Brand New Day, el arácnido está a nada de volver a columpiarse por el cine, y esta vez el asunto se siente distinto. Después de reunirse con Tobey Maguire y Andrew Garfield en Sin camino a casa, Tom Holland quedó parado en un punto bastante raro para cualquier Peter Parker: solo, borrado de la memoria de quienes más quería y con una ciudad que ya no lo reconoce como antes. Muy de Spider-Man pero también bastante cruel si uno lo piensa a profundidad.
La nueva entrega de Marvel llegará pronto con Holland de regreso como el Hombre Araña, junto a Zendaya y Sadie Sink, quien se incorpora a este nuevo capítulo de los superhéroes. La película también trae de vuelta esa sensación de ver ahora por dónde van, porque después del multiverso, dos Spider-Man y ese cierre emocional en Sin camino a casa, cualquier detalle parece venir con intención. Hasta el traje, porque en Spider-Man, el traje nunca es solo el traje.
El nuevo traje de Spider-Man mira directamente al pasado
Tom Holland reveló que el nuevo diseño de su traje en Spider-Man: Brand New Day nació como un homenaje a las versiones de Tobey Maguire y Andrew Garfield. La idea, según explicó, era imaginar qué pasaría si su Peter Parker tomara algo de aquellos otros Spider-Man que conoció en carne propia. No como una copia directa, ni como un simple guiño para que los fans griten en redes, sino como una mezcla emocional entre tres generaciones del personaje.
Disney / Marvel
La decisión tiene mucho sentido dentro de la historia de Holland. Su Peter no escuchó hablar de esos otros héroes como leyendas o mitos, sino que peleó con ellos, los vio sufrir, entendió sus pérdidas y aprendió de sus formas de cargar con la máscara. Después de eso, volver a ponerse el traje como si nada habría sido algo raro. Algo de su aventura tenía que quedarse.
Tobey, Andrew y Tom: tres formas de ser Peter Parker
El Spider-Man de Tobey Maguire siempre estuvo marcado por una vibra más clásica y trágica. Su traje tenía ese aire de cómic llevado al cine, muy de principios de los 2000, cuando los superhéroes todavía estaban aprendiendo a verse grandes en pantalla. También fue el Peter de las telarañas orgánicas, de los dilemas enormes y de una culpa que pesaba.
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Andrew Garfield llevó al personaje a otro lado: más nervioso, sarcástico y moderno en su forma de moverse y hablar. Sus películas dividieron opiniones, pero su Spider-Man ganó muchísimo cariño con los años, sobre todo por la manera en que Garfield entendió el dolor de Peter y lo convirtió en una energía inquietante.
Tom Holland, en cambio, empezó como el Spider-Man adolescente que quería impresionar a Tony Stark. Su traje nació muy ligado a la tecnología, a los gadgets, a los ojos expresivos y a esa sensación de que Peter tenía un equipo entero detrás. Sin camino a casa le quitó buena parte de eso. Ahora el nuevo traje aparece como una declaración más madura: menos niño protegido por los Vengadores, más héroe obligado a arreglárselas solo.