Tom Hanks tiene una de esas carreras que parecen hechas para reconciliar a todo mundo con el cine. Ha sido sobreviviente en Naúfrago, líder en Salvando al soldado Ryan, vaquero de juguete en Toy Story, astronauta en Apolo 13 y más. No muchos actores pueden presumir algo así sin sonar lejano.
Por eso, cuando Hanks habla de sus películas favoritas, muchos ponen atención. Uno podría esperar que eligiera alguno de esos clásicos intocables que siempre aparecen en las listas de "las mejores de la historia": Casablanca, Ciudadano Kane, El padrino, 2001: Odisea del espacio. Son películas enormes, pero Tom Hanks tiene otra respuesta, mucho más más personal.
La película que Tom Hanks pone por encima de todas
Para Tom Hanks, la mejor película jamás hecha es Jasón y los argonautas, la aventura fantástica de 1963 dirigida por Don Chaffey. "Algunas personas dicen 'Casablanca' o 'Ciudadano Kane'. Yo digo que 'Jasón y los argonautas' es la mejor película jamás hecha", dijo alguna vez el actor. Más allá de una voz con experiencia, suena a la de un niño cinéfilo defendiendo la película que le explotó la cabeza.
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La cinta cuenta la historia de Jasón, el héroe griego que emprende un viaje para encontrar el Vellocino de Oro. Hay dioses, monstruos, barcos, batallas y el tipo de aventura que hoy podría resolverse con toneladas de efectos digitales. Pero en 1963 todo era distinto. Ahí entraba Ray Harryhausen, el hombre que convirtió criaturas imposibles en seres vivos cuadro por cuadro.
Harryhausen era el verdadero mago detrás de la película. Sus efectos de stop-motion marcaron a varias generaciones de espectadores y cineastas. Antes de que el CGI se volviera el idioma dominante, él hacía que esqueletos, hidras y gigantes de bronce se movieran con una mezcla de torpeza y encanto que todavía se siente especial.
Los esqueletos que cambiaron todo
La escena más famosa de Jasón y los argonautas es la batalla contra los esqueletos. Si alguien la vio de niño, difícilmente la olvidó. Jasón y sus hombres se enfrentan a guerreros huesudos que salen de la tierra, toman espadas y atacan.
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Hoy, quizá un espectador acostumbrado a Marvel, Avatar o Duna pueda notar los trucos. Pero es parte de la magia. Los esqueletos no se sienten perfectos: se sienten hechos a mano. Y eso les da una personalidad que muchos efectos actuales, por más caros que sean, no siempre tienen.
Para Hanks, esa escena representa algo más que nostalgia. Representa el momento en que el cine demuestra que puede inventar mundos con paciencia, imaginación y mucho oficio. Cada movimiento de esos esqueletos tomó horas de trabajo, coreografía entre actores reales y criaturas animadas después, cuadro por cuadro. Una locura hermosa.
No todo tiene que ser solemne para ser grande
La elección de Hanks también dice mucho sobre cómo se puede amar el cine. No siempre la "mejor película" tiene que ser la más seria, la más premiada o la más citada en clases de cine. A veces la mejor es la que te hizo mirar la pantalla y pensar: "¿cómo hicieron eso?". La que te dejó con ganas de imaginar, jugar, dibujar monstruos o contar historias.
Jasón y los argonautas no tiene el prestigio académico de Ciudadano Kane ni el romanticismo perfecto de Casablanca. Pero tiene algo igual de valioso: asombro puro. Es cine de aventura con dioses caprichosos, héroes valientes, monstruos raros y una emoción muy especial. No está tratando de parecer importante: está tratando de maravillar.