Durante los años 90 todavía era posible encontrarse con una película de aventuras que no necesitaba de destruir media galaxia para mantener al público pegado a la pantalla. La momia, Jurassic Park e Indiana Jones y la última cruzada entendían el espectáculo desde otro lugar: persecuciones claras, héroes carismáticos, villanos que daban gusto odiar y escenas de acción que realmente ocurrían frente a la cámara.
En medio de una industria que comenzaba a descubrir todo lo que podía hacer con las imágenes digitales, apareció un héroe vestido de negro, montado a caballo y armado únicamente con una espada, una sonrisa y una enorme facilidad para meterse en problemas. No parecía una propuesta especialmente moderna, pero terminó funcionando precisamente por eso. Era cine de capa y espada armado con la energía de un gran estreno veraniego.
'La máscara del Zorro' cumple 28 años
La película era La máscara del Zorro, estrenada en Estados Unidos el 17 de julio de 1998 y dirigida por Martin Campbell, el mismo cineasta que poco antes había revivido a James Bond con GoldenEye. La cinta recibió dos nominaciones al Oscar, una por sonido y otra por edición de efectos sonoros, aunque ambas categorías terminaron en manos de Rescatando al soldado Ryan. Casi tres décadas después, las espadas todavía suenan bastante bien.
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La historia comienza con Don Diego de la Vega, interpretado por Anthony Hopkins, convertido en una sombra del legendario Zorro después de pasar 20 años encerrado. Su enemigo, Rafael Montero, regresa a California con un plan para quedarse con el territorio y con la hija que le arrebató tiempo atrás. Ya sin la fuerza necesaria para enfrentarlo solo, Diego encuentra a Alejandro Murrieta, un bandido impulsivo que también tiene sus propias cuentas pendientes.
Ese relevo sostiene toda la película. Hopkins interpreta a un Zorro cansado, elegante y lleno de heridas que no se ven. Antonio Banderas entra como un ladrón desordenado que apenas sabe controlar la espada y mucho menos sus emociones. El entrenamiento convierte sus choques en algunas de las escenas más divertidas, pero nunca borra la tristeza que comparten. Los dos quieren vengarse, aunque solo uno entiende el precio que puede cobrarles.
Antonio Banderas encontró al héroe que necesitaba
Tom Cruise llegó a ser considerado para interpretar al nuevo Zorro, pero el proyecto terminó en manos de Banderas. La decisión cambió el tono completo de la película: Alejandro no se comporta como el héroe estadounidense impecable de costumbre, sino como un hombre encantador, orgulloso y bastante torpe. Su transformación funciona porque nunca pierde esa energía medio salvaje con la que aparece por primera vez.
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Catherine Zeta-Jones completa el triángulo como Elena, una joven criada dentro del mundo de Montero que poco a poco descubre la verdad sobre su familia. La actriz no queda reducida a observar cómo los hombres resuelven la historia. Ella monta a caballo, maneja la espada y enfrenta a Alejandro en un duelo que mezcla pelea, comedia y coqueteo. La química entre ambos hace el resto.
Buena parte de ña ligereza viene del guion, escrito por John Eskow, Ted Elliott y Terry Rossio. Estos dos últimos participarían después en películas como Shrek y Piratas del Caribe: La maldición del Perla Negra, otra aventura que sabe combinar acción, romance y humor sin detenerse a explicar cada chiste. En La máscara del Zorro ya estaban varias de esas ideas: un protagonista desastroso, diálogos rápidos y villanos que se toman muy en serio una historia que también sabe reírse.
Espadas, caballos y muy pocos trucos digitales
La cinta fue rodada como una aventura de la vieja escuela, con caballos, grandes decorados, especialistas y enfrentamientos realizados físicamente. Steven Spielberg, productor del proyecto, le comentó a Banderas que probablemente estaban filmando uno de los últimos westerns construidos de aquella manera, antes de que el CGI cambiara las reglas de Hollywood.
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La producción también tuvo una relación muy cercana con México. Parte importante del rodaje se realizó en Estudios Churubusco y en locaciones de Tlaxcala, donde se levantaron la hacienda de Montero y varios de los escenarios principales.
La máscara del Zorro recaudó más de 230 millones de dólares en todo el mundo y dio paso a una secuela estrenada en 2005. También consolidó a Banderas como protagonista de Hollywood y presentó a Zeta-Jones ante un público mucho más amplio. No necesitó ganar sus dos premios Oscar para quedarse en la memoria. Le bastaron una máscara, varias peleas impecables y un héroe que parecía divertirse tanto como quienes estaban viéndolo.