Los live-action de anime siempre llegan acompañados por la misma pregunta: ¿Hollywood entendió realmente lo que está adaptando? One Piece encontró una respuesta bastante convincente, mientras otras producciones cambiaron tanto a sus personajes que terminaron pareciendo historias completamente distintas con nombres conocidos pegados encima. Ninguna carga con una reputación tan desastrosa como Dragonball Evolution.
La película de 2009 debía llevar a Goku, Bulma, el maestro Roshi y Piccolo al cine de acción real. En lugar de eso, presentó a un Goku adolescente preocupado por encajar en la escuela, conquistar a Chi-Chi y esconder sus habilidades frente a sus compañeros. Los fans detectaron el problema desde los primeros avances, pero Akira Toriyama ya había intentado advertirlo mucho antes del estreno.
Toriyama leyó el guion e intentó corregirlo
El creador de Dragon Ball participó oficialmente como consultor creativo y tuvo acceso al proyecto durante su desarrollo. Al leer el guion, encontró una historia que apenas comprendía las características del universo original y que convertía su trabajo en una aventura juvenil demasiado convencional. Toriyama hizo observaciones y propuso modificaciones, pero el equipo detrás de la película siguió adelante sin incorporarlas.
Big Screen Productions
"Sugerí cambios, pero tenían una extraña confianza y no me escucharon", recordó años después. La frase es especialmente dura viniendo de un autor conocido por hablar con bastante calma sobre las adaptaciones de su obra. No dijo que habían probado una ruta distinta o que la traducción cultural era complicada: dejó claro que vio venir el problema y que quienes controlaban la producción estaban convencidos de saber más.
Antes del estreno, Toriyama todavía intentó mantener una postura diplomática. Reconoció que el guion y los personajes le provocaban extrañeza, pero pidió al público considerar la cinta como una versión de Dragon Ball perteneciente a otra dimensión. Después de ver el resultado, ya no pudo sostener aquella cortesía: admitió que la película terminada no representaba el mundo que él había creado.
Goku terminó convertido en un estudiante genérico
James Wong, director de Destino final, quedó al frente de una película protagonizada por Justin Chatwin como Goku, Emmy Rossum como Bulma, Chow Yun-fat como el maestro Roshi y James Marsters como Piccolo. El reparto no era precisamente desconocido. El problema estaba en una historia que eliminó buena parte de la personalidad, el humor y la escala fantástica que habían hecho especial al manga.
Big Screen Productions
El Goku de Toriyama creció aislado en las montañas, tiene una inocencia casi absurda y entiende el mundo mediante las artes marciales, la comida y su deseo de enfrentar rivales cada vez más fuertes. Evolution lo colocó en una preparatoria estadounidense, lo volvió inseguro frente a sus compañeros y construyó buena parte de su motivación alrededor de una chica. La película conservó las Esferas del Dragón, el Kamehameha y algunos nombres, pero perdió el tono que mantenía todo unido.
Un desastre financiero y cultural
La cinta dura alrededor de 85 minutos y avanza como si tuviera prisa por presentar a cada personaje, reunir las siete esferas y llegar al enfrentamiento con Piccolo. Las peleas tampoco consiguieron compensar la distancia con la obra original. El resultado obtuvo una recepción muy negativa y actualmente conserva apenas 14 por ciento de aprobación crítica en Rotten Tomatoes.
Toei Animation
En taquilla mundial recaudó cerca de 56 millones de dólares frente a un presupuesto reportado de 30 millones. La cifra no fue suficiente para convertirla en la franquicia que el estudio imaginaba, especialmente después de sumar los gastos de distribución y publicidad. Los planes para continuar la historia desaparecieron y la película terminó convertida en un ejemplo recurrente de cómo no adaptar un anime.
A pesar de todo, el fracaso tuvo una consecuencia inesperada. Toriyama llevaba años alejado del trabajo cotidiano con la franquicia, pero la experiencia de Dragonball Evolution aumentó su interés por cuidar personalmente las nuevas historias. Al revisar el proyecto que se convertiría en Dragon Ball Z: La batalla de los dioses, terminó modificando ampliamente el guion y diseñando personajes como Bills. No fue la única razón detrás del regreso de la saga, pero sí dejó una herida que ya no quería repetir.