El clásico del cine mexicano que usó una técnica de iluminación tan avanzada que fue estudiada en Hollywood
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Mucho antes de que las cámaras digitales permitieran trabajar casi en completa oscuridad, Gabriel Figueroa ya estaba llevando la luz al límite.

Hay películas mexicanas que uno puede reconocer con una sola imagen. Pedro Infante cantando, María Félix mirando fijamente a cámara o los enormes cielos llenos de nubes que aparecen en varios clásicos de Emilio "El Indio" Fernández forman parte de esa memoria visual. Detrás de muchas de esas estampas estaba el mismo hombre: Gabriel Figueroa.

Su fotografía terminó siendo prácticamente un lenguaje propio. Figueroa trabajaba con sombras profundas, rostros perfectamente modelados por la luz y paisajes donde hasta las nubes parecían colocadas a propósito. Directores como John Ford, Luis Buñuel y John Huston buscaron trabajar con él, mientras su carrera acumulaba más de 200 películas y reconocimiento dentro y fuera de México.

Macario
Macario
Fecha de estreno 9 de junio de 1960 | 1h 31min
Dirigida por Roberto Gavaldón
Con Ignacio López Tarso, Consuelo Frank, Luis Aceves Castaneda
Usuarios
3,2

'Macario' llevó la iluminación de Gabriel Figueroa a uno de sus momentos más impresionantes

Una de las mejores muestras de ese trabajo está en Macario, el clásico de 1960 dirigido por Roberto Gavaldón y protagonizado por Ignacio López Tarso. La historia sigue a un campesino extremadamente pobre que sueña con algo aparentemente sencillo: comerse él solo un guajolote entero. Cuando finalmente puede hacerlo, termina compartiéndolo con la Muerte y recibe a cambio un agua capaz de curar enfermos.

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La película avanza entre la realidad y la fantasía hasta llegar a su secuencia más famosa. La Muerte conduce a Macario hasta una enorme gruta llena de velas, cada una representando la vida de una persona. Para construir esa imagen, Figueroa y el equipo utilizaron las Grutas de Cacahuamilpa, en Guerrero, y colocaron alrededor de tres mil velas dentro del espacio. El propio cinefotógrafo recordaría años después que hasta los turistas ayudaron a encenderlas.

El trabajo fue enorme para una escena que ocupa apenas unos minutos. Ignacio López Tarso contó que el rodaje tomó varios días porque había que lidiar con el humo, ventilar la cueva, volver a colocar las velas y encenderlas una vez más. En pantalla todo parece mucho más sencillo: las pequeñas llamas se pierden hacia el fondo mientras Macario camina entre ellas como si hubiera entrado literalmente al lugar donde se guardan las vidas humanas.

Hollywood también terminó volteando hacia el estilo de Gabriel Figueroa

Figueroa conocía muy bien la fotografía estadounidense. En los años 30 recibió una beca para viajar a Hollywood y aprendió junto a Gregg Toland, el legendario cinefotógrafo que después fotografiaría Ciudadano Kane. De él tomó herramientas relacionadas con iluminación y profundidad de campo, pero al regresar a México comenzó a mezclarlas con influencias de la pintura, el muralismo, el expresionismo y los paisajes del país hasta desarrollar una estética completamente reconocible.

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Con los años ocurrió algo bastante interesante: el aprendizaje empezó a viajar en dirección contraria. Figueroa contó que, durante la preparación de Viva Zapata!, Elia Kazan le dijo que había pedido al cinefotógrafo Joe MacDonald estudiar sus películas y seguir su estilo. Kazan incluso recurrió directamente al mexicano para preguntarle cómo conseguía ciertos exteriores nocturnos, y Figueroa le explicó su manera de trabajar con filtros y subexposición.

John Ford también quedó sorprendido por su método. Figueroa explicaba que, una vez elegida la posición de cámara, él construía la composición y la iluminación antes de mostrarle el resultado al director. Ford encontró tan útil esa forma de trabajar que terminó adoptándola durante su colaboración.

'Macario' terminó haciendo historia mucho más allá de su fotografía

La fuerza visual de Macario acompañó a una película que terminó llegando mucho más lejos de lo habitual para el cine mexicano de aquella época. Fue seleccionada por México para competir en los premios de la Academia y en 1961 se convirtió en la primera producción mexicana nominada al Oscar a Mejor película en lengua extranjera. Compartió categoría con cintas de Italia, Francia, Yugoslavia y Suecia. Esta última ganó con El manantial de la doncella, de Ingmar Bergman.

Más de seis décadas después, la imagen de Macario rodeado por miles de pequeñas llamas sigue siendo una de las grandes postales del cine nacional. Hay muy pocos elementos en pantalla: una cueva, dos personajes, oscuridad y fuego. Figueroa consiguió que eso bastara para representar algo tan enorme como la fragilidad de una vida.

Sergio Negrete
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'
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