El actor que se negó rotundamente a que le rehicieran los dientes y aun así se convirtió en una estrella de Hollywood
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Hollywood suele estar lleno de sonrisas perfectas, retoques y actores que cambian su apariencia cuando llega la fama.

Rondo Productions

Hay actores a los que basta ver durante unos segundos para ubicarlos. Christopher Walken tiene esa forma particular de hablar, Willem Dafoe un rostro imposible de confundir y Danny DeVito ha construido buena parte de su carrera jugando precisamente con una presencia que se sale del molde clásico de galán. Steve Buscemi pertenece completamente a ese grupo.

Sus enormes ojos azules, su figura delgada y una sonrisa muy particular le han permitido interpretar durante décadas a criminales nerviosos, perdedores entrañables, tipos rarísimos y personajes que parecen estar a punto de meterse en problemas. Desde Perros de reserva hasta Fargo, pasando por El gran Lebowski, Los Soprano y Boardwalk Empire, su rostro terminó convirtiéndose en una ventaja. Y hubo algo de él que Hollywood nunca consiguió cambiar.

Steve Buscemi sabía que arreglar sus dientes podía quitarle trabajo

Durante años, varios dentistas le propusieron enderezar sus dientes. Buscemi siempre respondió prácticamente de la misma manera: si se los arreglaban, podían acabar con su carrera. En una entrevista de 2000 recordó que distintos especialistas habían intentado convencerlo y él contestaba: "Vas a matar mi medio de vida si haces eso".

Años después seguía pensando igual. En conversación con CBS volvió a bromear con el tema cuando le preguntaron si alguien le había sugerido corregir su sonrisa. "¿Estás intentando dejarme sin trabajo?", recordaba decirle a su propio dentista. Para entonces tenía más de cien créditos y sabía perfectamente que aquello que otros podían considerar una imperfección era parte de lo que hacía que un director lo recordara después de una audición.

Su razonamiento tenía bastante sentido viendo los personajes que comenzaron a llegarle. Buscemi nunca construyó su carrera alrededor de parecer un protagonista convencional. Más bien encontró espacio interpretando a hombres incómodos, impredecibles y casi siempre un poco fuera de lugar. Sus dientes, sus ojos y la manera nerviosa en la que podía mover todo el cuerpo ayudaban a que cada uno tuviera algo inmediatamente reconocible.

Tarantino y los hermanos Coen entendieron muy rápido qué tenía de especial

Su carrera empezó a despegar durante los años 80, después de abandonar su trabajo como bombero en Nueva York para concentrarse en la actuación. Parting Glances, estrenada en 1986, le dio uno de sus primeros papeles importantes y poco después comenzó una relación profesional con cineastas independientes que marcarían los años 90.

Collider

Quentin Tarantino lo eligió como Mr. Pink en Perros de reserva, donde Buscemi convirtió una discusión sobre propinas y un traje negro en suficiente material para quedarse con varias escenas. El propio actor contó que Tarantino terminó fijándose en él por una audición completamente distinta: llevaba el cabello peinado hacia atrás y una camisa vintage que, según el director, lo hacían parecer un criminal.

Después llegaron los hermanos Coen. Buscemi apareció en Miller's Crossing, Barton Fink, El gran salto, Fargo y El gran Lebowski, entre otras. Su Carl Showalter de Fargo encajaba especialmente bien con todo aquello que ya hacía distinto al actor: hablador, desesperado, agresivo y constantemente irritado porque nada sale como espera. El rostro que algunos dentistas querían modificar ya era parte de uno de los actores de reparto más buscados del cine estadounidense.

Sergio Negrete
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'
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