Una de las caricaturas más recordadas por diversas generaciones es Popeye, el personaje que sobresalió en los dibujos animados de los años 60, 70 y 80 gracias a las producciones de Hanna-Barbera, pero cuya popularidad nació décadas atrás gracias a las historietas publicadas en el periódico The New York Evening Journal en 1929.
El personaje fue creado por Elzie Chrysler Segar, un historietista que lo plasmó por primera vez en papel en la tira cómica Thimble Theatre sin saber que se convertiría en una de las personalidades animadas más importantes de la cultura popular. Mostrando a un hombre de estatura baja, musculoso, con un solo ojo y mal humor, Popeye se inmortalizó como uno de los marineros más famosos alrededor del mundo.
King Features Syndicate
Fue el 19 de diciembre de 1929 cuando Popeye debutó en los periódicos, pero la inspiración para su creación llegó mucho antes. Segar tenía un peculiar vecino que era marinero, pero no cualquiera, sino uno polaco cuyo nombre Frank Fiegel era intercambiado por el apodo ‘Rocky’. El hombre nacido en 1868 vivía en el mismo barrio de Illinois que el caricaturista y se daba a conocer por su carácter explosivo y temerario, creando peleas con oponentes que lo superaban en tamaño.
A partir de ahí, Elzie Chrysler Segar retomó las características de su vecino para crear a Popeye, un marinero que, al igual que Fiegel, sobresalía por su fuerza, su prominente quijada, su dentadura incompleta y su hábito de fumar con pipa. Curiosamente, el rasgo más representativo del personaje también nació del marinero polaco, pues Frank siempre tenía cerrado el ojo derecho, tal como se muestra en las caricaturas.
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Dado que Segar creció escuchando las historias de Fiegel, su entrañable personaje fue moldeado a partir de la persona más interesante ante los ojos de su creador: un marinero al que le decían Popeye por su ojo saltón y cuyas experiencias tanto en el mar como en las calles ayudaron a tallar al hombre que se fortalecía en cuanto daba un bocado a su lata de espinacas.
Su popularidad fue tal que también llegó a la pantalla grande, siendo la película más notable la filmada por Robert Altman. El mítico director ganador del Oscar llevó el personaje a las salas de cine en 1980 con un musical que tenía a Robin Williams como Popeye y a Shelley Duvall como Olivia Olivo, sin embargo, no fue tan bien recibida ante la crítica, aunque el paso del tiempo le ha permitido obtener una mejor recepción entre el público.