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    Spider-Man: Sin Camino a Casa
    Críticas
    4,5
    Imprescindible
    Spider-Man: Sin Camino a Casa

    La fantasía no está peleada con la madurez en 'Spider-Man: No Way Home'

    por Jorge González

    Abandonar la sala después de ver Spider-Man: No Way Home es una situación complicada, donde la nostalgia y los sueños hechos realidad rebotan por todos lados en la mente. Para cualquier fanático de la saga arácnida, el director Jon Watts logra lo inimaginable y llega a romper, de forma indirecta, la cuarta pared entre los personajes y el público; te lleva por una montaña rusa donde es inevitable gritar, llorar, sacar el niño interior y hasta burlarse de un par de escenas con clichés marca "¡esto era innecesario!". Con todo y sus leves fallas, la producción que completa la trilogía de Tom Holland pinta para destronar a Avengers: Endgame como la más taquillera del universo cinematográfico de Marvel.

     

    La historia fue cantada desde hace meses: Peter busca a Doctor Strange (Benedict Cumberbatch) para pedirle un hechizo que le permita ser olvidado por la gente, luego de ser desenmascarado por Mysterio en Spider-Man: Lejos de casa. Y aquí viene lo verdadero divertido, la esencia de por qué esta cinta se adhiere mucho a la naturaleza caótica, inmadura e infantil del personaje: por culpa de Peter y sus indecisiones, Stephen Strange erra el conjuro y provoca una ruptura en la línea del multiverso y se cuelan muchísimas personas indeseables para el mundo Marvel, fascinantes para los fanáticos. Por tanto adelanto, su aparición emociona, y muchísimo, pero no termina por ser la sorpresa que todos hubiéramos deseado. ¿Qué hubiera pasado si hubieran mantenido en secreto a Willem Dafoe o Alfred Molina, y Jamie Foxx o Thomas Haden Church? Las salas se habrían venido el doble para abajo.

     

     



    Sin embargo, lo ya dicho no es ningún problema para los fans de la saga. Lo gritarán cuantas veces sea necesario. En cambio, la aparición de tres personajes fundamentales para el desarrollo del conflicto son de "¡qué carajos está pasando aquí!". En verdad, llega un momento en el que agradecemos que la naturaleza de Peter Parker sea de mucha inocencia, que sus actos desencadenan más tragedia en su vida que alegría. Ese sacrificio, que la verdad no fue tan explotado como debe de ser en las pasadas entregas, termina por redondear el concepto de un adolescente picado por una araña y con la intención de ayudar al prójimo, sin importar el costo, para cumplir los deseos de su Tío Ben y, en este caso, de la tía May. Se lo criticaron mucho y aquí lo tienen. De pronto, la premisa es torpe, sí, pero bien resuelta bajo el concepto del multiverso.

     

    Spider-Man: No Way Home también se ríe de sí misma con escenas que recrean memes; ríe de las opiniones en el internet y, literal, rompe la cuarta pared, demostrando que las opiniones en Marvel Studios valen para bien y para mal. En este caso, la mayoría de las quejas han sido atendidas para entregar un fan service brutal y reconfirmar por qué Spider-Man es, por muuuuuucho, el superhéroe más empático con los lectores y fanáticos de estas superproducciones. Marvel Studios ha tenido errores imperdonables, como alterar eventos brutales como Era de Ultrón, Civil War y Thor: Ragnarok, una terna de guiones suavizados a comparación de lo visto en las historietas, siendo el último uno de los peores, a título personal. Con Spider-Man lograron apegarse a muchos lados estrictos del lanzarredes para crear la historia más divertida y emocionante a la fecha. 



     

    Si nos pusiéramos en modo estricto, habría que señalar que esta saga sólo permitió encaminar al personaje a su lado más fiel y natural: el concebido por Stan Lee y Steve Ditko. La escena final da pie a una especie de resignificación de lo que es la justicia para Peter Parker y Spider-Man; Toma un verdadero sentido la frase de "un gran poder conlleva a una gran responsabilidad". Sin embargo, no tiene sentido ponernos exquisitos en los detalles puristas, sobre todo después de ver cómo una sola película nos recuerda que la fantasía no está peleada con la madurez. Al contrario, es motivante. Spider-Man tiene ese poder, como también lo tienen, en la editorial de enfrente, Superman y Batman: sus actos tienen eco en la vida cotidiana de niños, adolescentes, grandes y viejos.

     

    Hay un antes y después de Spider-Man: No Way Home para Marvel Studios y Sony Pictures, los dueños de los derechos arácnidos, es imposible bajar el nivel de producción, sobre todo ahora que la línea del multiverso se fracturó. A nivel difusión, mucho menos. Las compañías productoras aprovecharon el mundo de las teorías para alimentar la expectativa de la película, tantas negaciones de actores, productores y directores sólo incrementaron el morbo; saturaron las boleteras y nos impidieron dormir una noche antes de la exhibición. Son unos maestros de la propaganda.


     




    Por donde quieran verlo, este filme rompió las barreras de la ciencia ficción y es peligroso para la compañía del ratón. 
    Al menos, Doctor Strange in the Multiverse of Madness parece estará a la altura de lo ya comentado, el resto no lo sabemos. A propósito, una de las mejores escenas y secuencias en Spider-Man es el dominio y la pelea entre el arácnido y el Hechicero Supremo en la dimensión espejo. Está para repetir una y otra vez. Han desatado una bestia más peligrosa que el Increíble Hulk, pero ha valido la pena cada maldito segundo

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