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    Pienso en el final
    Críticas
    4,5
    Imprescindible
    Pienso en el final

    El síndrome de las cucarachas

    por Tamara Cuevas

    Alguna vez escuché a alguien describirse a sí mismo como una persona “tan sociable como una cucaracha”. No es la clase de introducción (probablemente tomada de alguna película) que esperas escuchar sobre una persona, pero después explicó que era porque estos insectos sufren cuando están solos, la soledad afecta su crecimiento y no alcanzan la madurez en el tiempo que se espera. 

     


    En Pienso en el final, Jake (Jesse Plemons) es lo opuesto a una cucaracha pero sufre de los mismos males. Es un hombre tímido, de pocos amigos y sumamente inteligente que llevará a su novia Lucy (Jessie Buckley) a la casa de sus padres por primera vez. Ella piensa en el final y él parece escuchar sus pensamientos -como muestra de la profunda conexión que tienen- mientras manejan hacia la granja de los padres de su novio. Lo que al principio parecerá una película de ruptura, termina convirtiéndose en un viaje hacia lo más profundo de los cuestionamientos humanos sobre las relaciones amorosas, las enfermedades mentales y, como con las cucarachas, la inexplicable necesidad de conexiones humanas




    La película está basada en el thriller homónimo de Iain Reed, autor canadiense que incursionó con éxito en el género tras haber escrito varios textos mucho más inclinados hacia el humor, entre ellos uno en el que detalla la experiencia de intentar vender uno de sus manuscritos ante varias editoriales. I'm thinking of ending things encontró en las manos de Charlie Kaufman a la persona indicada para traducir las complejas y amenazadoras atmósferas de una mujer siendo acosada por un misterioso hombre que deja confusos mensajes de voz en su celular y que continuamente se pregunta si debería terminar las cosas


    En términos de producción, adaptar la novela al séptimo arte resultaba sencillo: un road trip de ruptura, con pocos personajes y diálogos casi poéticos sobre la existencia humana. Pero solo alguien como Kaufman era capaz de mantener el mismo hilo de interés que el libro, sembrando pistas a lo largo de la película (a través de la edición, el guion y la fotografía de Łukasz Żal) que dejan al espectador más confundido a medida que avanza la película, sin otra opción que seguir el desarrollo de los hechos con la esperanza de resolver el rompecabezas, atributo tomado del primer capítulo de la novela que cierra con una explícita advertencia: Jake es un cruciverbalista, alguien con la habilidad de resolver crucigramas o rompecabezas; la novela es el crucigrama y nosotros los fortuitos cruciverbalistas




    La interpretación de Plemons como Jake es magnífica, siendo comparado por la crítica con Philip Seymour Hoffman, antiguo colaborador de Kaufman. El trabajo de Plemons no era sencillo pues el protagonista es un personaje en el que se desdibujan los límites, lleno de claroscuros. Para el final de la cinta, cuando el crucigrama humano que es Jake se ha resuelto, el espectador tendrá varias revelaciones: se dará cuenta que la amenaza del principio no es externa, sino interna, que yace en lo más profundo de la psique humana (un tema recurrente en el trabajo de Charlie Kaufman) y que Jake es más afín a nosotros de lo que creíamos. 




    Por otro lado, la base tan sólida que brinda el trabajo de Iain, le permitió a Kaufman terminar de explorar ciertos temas que en la novela parecen haberse quedado en el borrador. Es a través de Lucy, interpretada por Jessie Buckley (Chernobyl, 2019), que se plantea el "riesgo de ser mujer" en un soliloquio de casi 8 minutos dividido en dos partes, en el que la actriz da una actuación que merece cuantas nominaciones se puedan enlistar en una crítica. 


    Al elenco lo completan Toni Collette (El legado del diablo, 2018) y David Thewlis (Anomalisa, 2015) como los surreales padres de Jake. La situación dentro de la granja parece suspender el tiempo para los personajes gracias al juego con pequeños detalles en el diseño de producción y el vestuario. Kaufman deshace el tiempo y lo complica todo para el espectador, quien tras dos horas de película terminará con más preguntas que respuestas, esto como una prueba de que el director y guionista logró el cometido, pues el propio Iain ha declarado que ese era el objetivo de su novela desde un principio. 




    Hay quienes demeritan el poder de las palabras. Las palabras importan, y escuchar, prestar atención a lo que se dice, es igual de importante. Con Pienso en el final es necesario dejar de hacer suposiciones y prestar atención a los pequeños detalles, a los gestos y a los diálogos que la mente del espectador convertirá en preguntas que podrían llevarlos a pensar en el final, cualquiera que éste sea, o bien, podrían llevarlos a presentarse a sus siguientes conquistas como personas “tan sociables como una cucaracha”.



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