Corgi: Un perro real
Críticas
2,5
Regular
Corgi: Un perro real

Las mascotas reales llegan al cine...

por Cristina Ibañez
Han pasado alrededor de catorce generaciones de corgis por el Palacio de Buckingham. Más de 30 perros han acompañado a la Reina Isabel desde que su padre, el Rey Jorge VI, le regaló por primera vez uno de estos adorables caninos en su cumpleaños número 18. Es por eso que se esperaba que una película protagonizada por una de las mascotas reales más famosas de la historia, Corgi: Un perro real, fuera todo un éxito; sin embargo, esta película deja mucho que desear...

El príncipe Felipe le ha regalado un nuevo y adorable cachorro a su esposa llamado Rex, quien de inmediato se convierte en el consentido de la Reina. No obstante, su llegada no es del agrado de sus compañeros, quienes se sienten celosos y desplazados ante su extrema ternura. Pero cuando el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, llega de visita al palacio con su no tan agraciada perrita, Mitzi -dicen que cada perro se parece a su dueño-, el pequeño cachorro tendrá que enfrentar las consecuencias de su mimada actitud.



Desde la llegada de Shrek (2001), muchas películas de animación han seguido la fórmula de satisfacer a grandes y chicos por igual. Pero en Corgi: un perro real, el desarrollo de la historia es bastante confuso. Al principio parece que la trama es simple, pensada únicamente para que los más pequeños logren captar fácilmente cada mensaje y, conforme avanza la historia, se le inyecta un humor negro propio de un público adulto; sin embargo, nunca encuentra ese balance que vimos en producciones como Un jefe en pañales o Kung Fu Panda

Además, añadir a controversiales personajes del mundo moderno como Donald Trump y su esposa Melania, fue una decisión arriesgada para una película de niños, pues más allá de una crítica política sutil o una interesante sátira, estas participaciones son imprudentes- más que cuando le conqueteó a la primera dama de Francia-. 

Fuera del guion soso y confuso, NWaves Studios nos presenta una animación a la altura de Dreamworks o Ilumination. La sencilla estética, la cual sigue la pauta de su primera producción, Vamos a la luna (2008), es semejante a la que vimos en películas como Home: Hogar dulce hogar o Megamente. No obstante, se aleja de las magníficas producciones realizadas por Pixar.

La carencia de escenas de acción y los constantes e injustificados giros de tuerca, hacen que esta película se vuelva tediosa para los adultos que estamos acostumbrados al ritmo de películas como Toy Story o Cómo entrenar a tu dragón. Pero si no tienes nada que hacer un domingo, podría ser una buena opción para ver con tus hijos -aunque te recomendamos más ir al parque a pasear a tu corgi-.
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