Para el director, Julian Temple, el rodaje fue un proceso de paciencia, esperando capturar la verdadera personalidad de Shane. En sus palabras: “No es lo más fácil hacer una película sobre Shane MacGowan. Lo más cercano que se me ocurre es una de esas películas de David Attenborough. Pones trampas de cámara. Esperas y esperas, con la esperanza de que algún día el leopardo de las nieves los active. Luego, cuando realmente capturas la fuerza única de la personalidad de Shane, incluso por un momento en la pantalla, te das cuenta de que valió la pena”.
Johnny Depp, productor del documental, fue seguidor de Shane y su música. En sus palabras: “Conociendo a Shane durante 30 años, me siento honrado de producir la película definitiva tanto para mi amigo como para uno de los artistas y poetas más importantes del siglo XX”.