México lleva sus brujas, sus calles perdidas y sus sombras a Francia. Y esta vez el susto viene en formato vertical.
El cine mexicano puede moverse con mucha facilidad entre el chiste incómodo, el llanto que te agarra desprevenido y ese punto medio donde uno no sabe si reírse o echarse una lloradita. Ahí están Nosotros los nobles, con su retrato único de una familia rica aprendiendo a sufrir un poco. Radical, que se fue directo a la fibra sensible con una historia escolar durísima. Y por supuesto, No se aceptan devoluciones, que hizo llorar a medio país después de venderse como comedia ligera. México sabe hacer reír, romperte el corazón y, cuando quiere, también sabe incomodar.
El terror nacional suele caminar por otra calle. No siempre tiene los reflectores de las grandes comedias ni las campañas enormes de los dramas familiares, pero lleva años apareciendo en festivales, salas alternativas y plataformas internacionales. A veces viene con brujas, a veces con fantasmas y a veces con ciudades que se sienten más raras de noche. Y ahora también viaja en formato vertical, porque hasta el miedo ya entendió cómo se sostiene un celular.
México entra al terror vertical en Cannes
Los cortometrajes The Offering y The Blind Alley, dirigidos por el cineasta mexicano Carlos Meléndez, representarán a México en el Fantastic Pavilion Vertical Cinema Cannes, una sección fuera de competencia que se realiza en el marco del Festival de Cannes, en Francia. Las dos piezas duran entre dos y cuatro minutos y apuestan por historias de terror hechas para verse en vertical.
El programa reunirá producciones de 17 países con relatos de terror, ciencia ficción, fantasía y thriller. No estamos hablando de videos improvisados, sino de una muestra pensada para explorar cómo cambia el lenguaje del género cuando la pantalla deja de ser horizontal.
En The Offering, la premisa gira alrededor de rituales de brujas en el bosque y un explorador que se pierde en una zona donde algo no anda nada bien. The Blind Alley, por su parte, se mueve hacia otro miedo más urbano: la sensación de extraviarse en las calles de la ciudad y descubrir que el camino de regreso quizá no está tan claro. Ambos cortos no tienen diálogos, una decisión que empuja todo hacia la atmósfera, el encuadre, el sonido y el nervio visual.
Carlos Meléndez ya venía caminando por el lado oscuro
Carlos Meléndez no llega a Cannes como alguien que apenas descubrió el género. Su nombre ha estado ligado al horror, al thriller y al fantástico desde hace años, con trabajos como Histeria, su participación en México Bárbaro II y series como Mi encuentro con el mal. Screen Anarchy lo ubica entre los realizadores con trayectoria que ahora están usando el formato vertical como un territorio creativo, no como una ocurrencia de redes sociales.
Meléndez ha trabajado con historias breves, atmósferas tensas y recursos de cine de género que no siempre necesitan grandes presupuestos para funcionar. El terror, cuando está bien construido, puede nacer de una puerta que no debería abrirse, de un pasillo demasiado largo o de una calle conocida que de pronto se vuelve extraña.
El celular también puede dar miedo
El Fantastic Pavilion Vertical Cinema Cannes forma parte de una conversación más amplia sobre cómo se está moviendo el cine de género. Nació dentro del Marché du Film del Festival de Cannes como una plataforma internacional dedicada al cine fantástico en formato 9:16, impulsada por Blood Window, Mórbido y el Fantastic Pavilion. No es poca cosa: el terror encontró una nueva vitrina en uno de los espacios más observados por la industria.
El formato vertical puede sonar menor, pero tiene sus propias trampas. Reduce el campo de visión, encierra más al personaje y convierte la pantalla en una especie de mirilla. Y en el terror, eso puede jugar a favor. Un bosque se siente más apretado, una calle parece no terminar nunca y un rostro demasiado cerca del lente puede ser más inquietante que cualquier monstruo digital.