Ya vi 'Amos del Universo' y, aunque no es perfecta, sí recupera la magia de He-Man para una nueva generación
Nath Rodríguez
-Redactora y coordinadora de base de datos
Content Writer formada entre las películas de Studio Ghibli, los k-dramas y las producciones protagonizadas por Jim Carrey.

La nueva película de He-Man llega a los cines con Nicholas Galitzine, Camila Mendes y Jared Leto en la búsqueda de revivir el clásico de los 80's

¡Por el poder de Grayskull! Fue en 1981 cuando Mattel presentó una nueva línea de juguetes titulada Amos del Universo, la cual muy pronto se convirtió en una serie animada y, poco después, tuvo su primera adaptación cinematográfica. Ahora, 44 años después, Amazon MGM Studios y Sony Pictures apuestan nuevamente por la franquicia con una versión situada en la actualidad, protagonizada por Nicholas Galitzine y Camila Mendes.

Bajo la dirección de Travis Knight, la visión detrás de Bumblebee, esta nueva adaptación toma los elementos más nostálgicos de He-Man y los mezcla con sensibilidades más modernas para ofrecer una versión divertida, accesible y funcional del personaje. Sin embargo, también es una propuesta que probablemente genere opiniones divididas entre los seguidores más veteranos de la franquicia.

¿DE QUÉ TRATA 'MASTERS OF THE UNIVERSE'?

La película nos presenta a Adam, un joven heredero al trono de Eternia que se encuentra bajo la tutela del guerrero Duncan, quien intenta prepararlo para cumplir con las expectativas de su padre, el rey Randor. Sin embargo, la tranquilidad del reino se rompe cuando Skeletor ataca en busca de la Espada de Poder, un artefacto capaz de convertirlo en el ser más poderoso del universo.

Durante una intensa batalla, Adam y la espada terminan atravesando un portal hacia la Tierra, donde ambos se separan. Quince años después, Adam ha logrado adaptarse a la vida humana siguiendo las reglas de este nuevo mundo, aunque nunca ha dejado de buscar la espada y el propósito que perdió junto con ella.

Al puro estilo de Thor: Ragnarok, Amos del Universo funciona como una historia de origen accesible incluso para quienes nunca han tenido contacto con la franquicia. La película recupera muchos de los elementos que hicieron de He-Man un fenómeno de la cultura pop: colores vibrantes, una estética profundamente ochentera, referencias musicales y un sentido del humor exagerado que busca conectar con nuevas generaciones sin perder de vista a quienes crecieron con la caricatura.

¡POR EL PODER DE GREYSKULL!

Con una producción que no escatima en recursos visuales, escenarios espectaculares, efectos llamativos y secuencias de acción muy bien coreografiadas, el apartado técnico está lejos de ser un problema. Visualmente, la película luce enorme y aprovecha bastante bien el presupuesto para trasladar Eternia a la pantalla grande.

Donde comienzan a aparecer algunos tropiezos es en el desarrollo de personajes y ciertas decisiones narrativas. Comenzando por Adam, Nicholas Galitzine realiza un evidente trabajo físico para dar vida a la versión más icónica de He-Man. El problema no está en su presencia, sino en la forma en que el guion construye al personaje. La película apuesta por mostrar a un Adam inmaduro e inseguro debido a los años que pasó lejos de Eternia, una decisión interesante en teoría, pero que en la práctica muchas veces se traduce en torpeza en exceso. Esto provoca que parte del humor se sienta forzado y que el protagonista tarde demasiado en asumir el rol heroico que la historia necesita.

Por su parte, Camila Mendes como Teela e Idris Elba como Man-At-Arms logran encajar de manera bastante natural dentro del universo de la película. Ambos transmiten experiencia, liderazgo y química con el resto del elenco, convirtiéndose en algunos de los personajes más sólidos de la historia.

Pero si hay alguien que realmente roba la atención cada vez que aparece en pantalla, es Skeletor. Aunque sabemos que detrás del personaje se encuentra Jared Leto, la realidad es que la transformación física y vocal es tan radical que prácticamente desaparece dentro del villano. Skeletor conserva el tono dramático, teatral y descarado de la caricatura original, y sus constantes interacciones con sus lacayos terminan siendo de los momentos más entretenidos de toda la película.

De hecho, me recordó un poco a lo que ocurrió con Loki en las primeras películas del Universo Cinematográfico de Marvel: un villano tan carismático que muchas veces termina resultando más interesante que el propio héroe. A esto también contribuye Alison Brie como Evil-Lyn, cuya química con Skeletor fortalece enormemente el lado villanezco de la historia y convierte sus escenas en algunas de las más divertidas de la película.

EXCESO DE HUMOR... QUE ENTRETIENE

Otro aspecto que creo que podría dividir opiniones es el manejo del humor. En varios momentos me recordó algunos de los excesos de Thor: Love and Thunder. Hay chistes que funcionan bastante bien y ayudan a mantener un ritmo ligero, pero también existen ocasiones donde la película insiste en rematar escenas con bromas cuando la situación ya había encontrado un cierre natural. No es un problema grave, pero sí genera una sensación de desequilibrio del tono que por momentos acerca la historia más a una producción infantil que a una aventura juvenil. Aun así, la película nunca pierde de vista su objetivo principal: entretener.

Al final, Amos del Universo es una genuina oda a la extravagancia de los años ochenta. Travis Knight entiende perfectamente el atractivo visual y el espíritu aventurero de la franquicia, junto a la música ochentera (no por nada tenemos a Brian May en los créditos), construyendo una película accesible tanto para nuevos espectadores como para quienes crecieron con He-Man.

No todas sus decisiones narrativas funcionan y su humor puede sentirse excesivo por momentos, pero cuando resalta esa naturaleza fantástica y exagerada de su material de origen, la película demuestra por qué este universo ha logrado mantenerse vigente durante más de cuatro décadas.

Quizá no sea la adaptación definitiva que muchos esperaban, pero sí una base lo suficientemente sólida para construir algo mucho más grande en el futuro.

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