Brad Pitt terminó golpeado de verdad en el set de 'El club de la pelea' por culpa de una orden secreta que nadie le avisó
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

La película quería incomodar al público. Y primero incomodó a Brad Pitt.

Hay películas que envejecen como clásicos tranquilos y otras que siguen oliendo a sudor, cigarro y sangre aunque hayan pasado más de 25 años. El club de la pelea pertenece al segundo grupo. La cinta de David Fincher no solo se volvió una obra de culto por sus frases, su giro final o esa energía de rabia masculina mal digerida, sino por la sensación de estar viendo algo que en cualquier momento podía salirse de control.

Parte de esa incomodidad viene de cómo está filmada. Fincher nunca ha sido un director descuidado. Al contrario, es famoso por su obsesión con el detalle, las repeticiones y el control casi quirúrgico del encuadre. Pero en El club de la pelea también dejó espacio para que ciertos momentos se sintieran feos, torpes y raros, como si los personajes estuvieran descubriendo la violencia al mismo tiempo que nosotros. Y en una de las escenas más recordadas, esa torpeza fue muy real.

El golpe real que Brad Pitt no esperaba

Durante la primera pelea entre el Narrador, interpretado por Edward Norton, y Tyler Durden, interpretado por Brad Pitt, David Fincher decidió moverle una pieza al plan sin avisarle al actor de Babylon. Según contó Norton años después, el director se acercó a él antes de rodar y le pidió que conectara un golpe real en algún punto del cuerpo de Pitt. Norton, sin tener demasiado claro qué hacer, terminó dándole en la oreja.

El resultado quedó en pantalla. Pitt se duele de verdad, se toca, reacciona con una mezcla de sorpresa y molestia, y suelta una línea que ahora se entiende distinto: "¿Por qué en la oreja?". No era solo actuación. La frase salió porque el golpe sí le dolió. Fincher consiguió lo que quería: una reacción espontánea, incómoda y absurda, justo el tipo de energía que necesitaba esa primera pelea.

La primera regla era sentirse incómodo

El club de la pelea, estrenada en 1999 y basada en la novela de Chuck Palahniuk, llegó en un momento raro para el cine estadounidense. La cultura de oficina, el consumo aspiracional y la masculinidad de fin de siglo estaban en plena crisis, aunque muchos todavía no sabían cómo llamarla. La película lo agarró todo y lo metió en una licuadora.

Edward Norton interpreta a un hombre sin nombre, atrapado en un empleo gris, departamentos de catálogo y una vida emocional completamente rota. Brad Pitt aparece como Tyler Durden, su opuesto absoluto: libre, carismático, peligroso, sucio, seguro de sí mismo y con esa confianza insoportable de quien cree haber entendido el sistema mejor que todos. Para el Narrador, Tyler no es solo un amigo. Es una fantasía con abdomen marcado y frases de póster universitario.

Por eso la primera pelea importa tanto. No es una escena de acción cualquiera, sino el nacimiento de una relación enfermiza. Tyler le pide al Narrador que lo golpee, como si fuera una invitación a romper la rutina, a salir del cuerpo domesticado, a sentir algo aunque sea a punta de dolor. El golpe de Norton, torpe y real, encaja perfecto con esa idea. Nadie está peleando bien todavía, sino que apenas están aprendiendo a destruirse.

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