Hay películas de terror que se conforman con asustar en pantalla y otras que, con el tiempo, empiezan a cargar sus propias leyendas detrás de cámaras. El exorcista tuvo décadas de rumores sobre accidentes y desgracias alrededor del rodaje. Poltergeist también se volvió sinónimo de "producción maldita", aunque muchas de esas historias crecieron entre exageraciones, tragedias reales y ganas de creer.
El Conjuro de James Wan entró rápido a ese club, pero con una diferencia: su campaña siempre jugó con la idea de que la historia venía de expedientes reales de Ed y Lorraine Warren. Eso ya ponía al público en otro mood. No era solo una casa embrujada inventada para vender boletos, sino una película que se presentaba como el retrato de un caso paranormal famoso. Y claro, si encima los actores empiezan a contar cosas raras, el mito se escribe solo.
Vera Farmiga y las marcas que no supo explicar
Vera Farmiga, quien interpreta a Lorraine Warren en El Conjuro, contó que su primera experiencia extraña ocurrió el mismo día en que aceptó participar en la película. Según la actriz, después de leer el guion y decir que sí al proyecto, abrió su computadora y encontró tres marcas diagonales en la pantalla. No eran rasguños normales, sino una especie de líneas digitales que parecían garras.
New Line Cinema
La actriz no lo presentó como una prueba científica de lo paranormal, pero sí como algo que la sacó de onda. Una cosa es firmar para protagonizar una película de posesiones, demonios y casas embrujadas, y otra muy distinta es que, antes de pisar el set, tu computadora parezca haber recibido un raguño desde quién sabe dónde.
La historia se puso más inquietante después del rodaje. Farmiga contó que, tras volver a casa de Carolina del Norte, donde se filmó parte de la película, despertó con tres rasguños en el muslo. La coincidencia con las marcas de la computadora fue lo que terminó de darle sabor a la anécdota. Ella misma aclaró después que no eran exactamente iguales: las de la pantalla se veían más gruesas, mientras que las de su piel tenían otra forma.
'El Conjuro' ya venía cargado de miedo
Estrenada en 2013 y dirigida por James Wan, El Conjuro se convirtió en una de las películas de terror más influyentes de la década. La historia sigue a Ed y Lorraine Warren, interpretados por Patrick Wilson y Vera Farmiga, mientras investigan el caso de la familia Perron, que aseguraba haber vivido fenómenos paranormales en una casa en Rhode Island durante los años setenta. La película no inventó el terror religioso, pero sí lo volvió a poner en el centro de la cultura pop.
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Wan venía de transformar el género con Saw y La noche del demonio, así que sabía perfectamente cómo manejar el susto, el silencio y esa sensación de que algo se está moviendo justo fuera de cuadro. Pero El Conjuro tenía otro truco. Su fuerza estaba en la atmósfera, en los pasillos, en la sábana que se levanta con el viento y en la muñeca Annabelle.
Lo más curioso es que las marcas de Vera Farmiga funcionan casi como una escena que James Wan habría podido filmar. Eso no significa que haya que venderlo como prueba de algo sobrenatural. La historia vive mejor en ese espacio donde el terror siempre se mueve con más libertad: pudo ser una coincidencia, pudo ser sugestión o pudo tener una explicación común que nunca apareció. Pero dentro del mito de El Conjuro, la anécdota quedó perfecta.