Es una de las mejores películas de ciencia ficción de la historia, pero ¿podría haber engañado al público durante todo este tiempo?
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Esta cinta no necesitaba engañar al público con una revelación escondida durante casi dos horas. Le bastó con sentarnos frente a una IA para que todos creyéramos estar haciendo las preguntas correctas.

La ciencia ficción tiene una habilidad muy especial para meterse en la cabeza del espectador y dejarlo desconfiando de todo. Blade Runner lo hizo con la pregunta sobre qué significa ser humano. 2001: Odisea del espacio convirtió una computadora tranquila en una presencia aterradora. Y Matrix volvió sospechosa la realidad completa con una pastilla roja y otra azul. El género funciona mejor cuando la nave, el robot o la máquina terminan hablando de nosotros.

En los últimos años, varias películas han seguido esa ruta con menos explosiones y más incomodidad. Ahí entran historias como Her, La llegada o Aniquilación, donde la ciencia ficción se siente íntima, cerebral y rara, como si algo estuviera mal aunque nadie pudiera explicarlo del todo. Alex Garland se mueve muy bien en ese terreno, y su cine suele mirar hacia el futuro, pero casi siempre encuentra algo roto en el presente.

La película que parecía hablar de una inteligencia artificial

La película es Ex Machina, estrenada en 2014 y dirigida por Garland en su debut como realizador. La historia sigue a Caleb, un joven programador interpretado por Domhnall Gleeson, quien gana una especie de concurso interno para pasar una semana en la mansión aislada de Nathan, el excéntrico dueño de la empresa donde trabaja, encarnado por Oscar Isaac. Ahí conoce a Ava, una inteligencia artificial con rostro de Alicia Vikander, diseñada para poner a prueba cualquier idea sencilla sobre conciencia, deseo y manipulación.

Caleb debe evaluar si Ava tiene una mente real o si solo imita emociones humanas con una precisión inquietante. Nathan lo llama una prueba, aunque el experimento está torcido desde el principio. Caleb ya sabe que Ava es una máquina, así que la pregunta cambia de lugar. La duda ya no está en si puede confundirse con una persona, sino en si él puede relacionarse con ella como si lo fuera.

El giro hizo que muchos espectadores regresaran a la película buscando pistas escondidas. Una teoría se volvió especialmente famosa: Caleb podría ser un androide y el verdadero test de Turing estaría dirigido al público. La idea cambia todo el tablero. De pronto, cada gesto raro, cada silencio, cada pregunta sobre sus recuerdos y hasta la escena en la que se corta el brazo empiezan a verse con otros ojos.

Alex Garland respondió, pero dejó la puerta entreabierta

Garland habló de esa teoría años después y fue bastante claro: Caleb es humano. La lectura le parece interesante, pero su intención nunca fue revelar que el personaje de Domhnall Gleeson fuera otra inteligencia artificial encerrada en el experimento de Nathan. La escena del brazo tenía otra función. Caleb empieza a dudar de sí mismo porque Ava y Nathan ya lograron contaminar su percepción de la realidad.

Sin embargo, la respuesta no le quita fuerza a la teoría. Al contrario, muestra lo bien armada que está la película. Ex Machina construye un espacio donde todos observan a todos, donde cada conversación parece una prueba y donde la transparencia de los cristales solo sirve para recordar que nadie ve completo el juego. Nathan vigila a Ava, Caleb vigila a Nathan, Ava estudia a Caleb y el espectador cree estar por encima de todos.

La película engaña de una forma más elegante. Tal vez Caleb no es un robot, pero sí funciona como un sujeto de prueba. Nathan lo eligió por sus datos, sus gustos, sus debilidades y su capacidad para enamorarse de una imagen fabricada a la medida. Ava también lo lee con precisión quirúrgica. El pobre cree que está evaluando una mente artificial, cuando en realidad todos están evaluando la suya.

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