Tiene humor, conflicto, calor de carretera y esa sensación de estar viendo a una familia romperse para poder entenderse mejor. A veces Netflix guarda sus mejores sorpresas lejos del menú familiar.
En Netflix hay películas perfectas para poner cuando la sala todavía está en modo familiar. Ahí están Shrek, Super Mario Bros. La película o Karate Kid, esas opciones que funcionan con niños, adultos distraídos y hasta con quien sólo quería sentarse tantito antes de lavar los trastes. Son títulos seguros, conocidos y bastante cómodos para ver sin estar cuidando cada escena.
Pero Netflix también tiene ese otro cajón del catálogo que se abre cuando los niños ya están en el quinto sueño. Ahí entran las comedias más adultas, los dramas y las películas mexicanas que no están hechas agradarle a todo mundo y esas historias que empiezan como algo ligero, pero se van poniendo más intensas de lo esperado. Una de ellas tiene más de dos décadas y todavía se deja ver con una facilidad peligrosa.
Una comedia mexicana para adultos, desmadrosa y con corazón
La recomendación es Por la libre, película mexicana del año 2000 dirigida por Juan Carlos de Llaca y disponible en Netflix. En apariencia, parece una comedia de viaje sobre dos primos que no se soportan y tienen que cumplir la última voluntad de su abuelo. En la práctica, es una mezcla de duelo familiar, carretera, humor adulto, juventud desordenada y secretos que salen cuando ya nadie tiene ganas de seguir fingiendo.
La historia sigue a Rocco y Rodrigo, interpretados por Osvaldo Benavides y Rodrigo Cachero, dos primos con personalidades completamente opuestas. Su abuelo, don Rodrigo Carnicero, muere dejando una petición muy clara: quiere que sus cenizas sean arrojadas al mar de Acapulco. Lo que debería ser un encargo familiar termina convertido en una escapada llena de pleitos, excesos, verdades incómodas y momentos inesperados.
Dos primos, un abuelo y un viaje que se sale de control
Uno de los aciertos de Por la libre está en el dúo principal. Rocco y Rodrigo no empiezan como grandes amigos ni como compañeros entrañables de aventura. Se caen mal, se provocan, se juzgan y se empujan justo en los lugares donde más les duele. El viaje no avanza solo por la ruta hacia Acapulco, sino por la tensión entre dos jóvenes que se parecen más de lo que quisieran admitir.
El abuelo funciona como la figura que los une incluso después de morir. Su ausencia mueve la historia, pero también obliga a la familia a mirarse sin tantos adornos. En ese camino aparecen las contradicciones de una familia mexicana donde todos creen saber qué es lo correcto, pero nadie está completamente limpio.
La película también tiene ese tono de iniciación que tantas historias de carretera saben manejar bien. Los personajes salen creyendo que van a cumplir una misión sencilla, pero terminan descubriendo otra cosa sobre su familia, su deseo, su rabia y su manera de estar en el mundo.
Por la libre no es una película para poner de fondo mientras todos hacen tarea o se preparan para dormir. Su clasificación para adultos ya deja claro que va por otro lado, con humor irreverente, situaciones incómodas y una mirada menos inocente sobre la juventud, la familia y el deseo. No busca escandalizar por escandalizar, pero tampoco es la opción familiar para una noche en casa.