Más que una mala película, se siente como el primer capítulo de algo que se quedó sin segundo episodio.
Hay películas que no necesariamente fracasan porque sean malas, sino porque llegan en el momento equivocado. A veces el público no está listo, a veces la crítica las despedaza demasiado rápido y otras veces aparece un gigante que cambia las reglas del juego. Le ocurrió a El club de la pelea, La cosa de John Carpenter y a Scott Pilgrim y los Ex de la Chica de sus Sueños. Y en 2008 pasó algo así con una cinta de ciencia ficción que tenía todo para volverse franquicia, pero terminó quedándose a medio camino.
Ese mismo año, Iron Man llegó a los cines y cambió Hollywood. Robert Downey Jr. convirtió a Tony Stark en el centro de una nueva era y Marvel abrió una puerta que ya nadie pudo cerrar. Desde ahí, cualquier película de acción con poderes, efectos y héroes jóvenes empezó a medirse con otra vara. Y una de las que quedó atrapada justo antes de esa explosión fue Jumper.
La película que quería ser franquicia antes del MCU
Jumper fue dirigida por Doug Liman, el mismo cineasta detrás de Identidad desconocida y Sr. y Sra. Smith. La premisa era muy atractiva: David Rice, interpretado por Hayden Christensen, descubre que puede teletransportarse a cualquier lugar del mundo. Un día está en Nueva York, al siguiente en Londres, después en Egipto. El sueño de cualquiera.
Pero claro, el poder no llega gratis. David pronto descubre que no es el único con esa habilidad y que existe una organización llamada Los Paladines, dedicada a cazar y matar a los "jumpers". Ahí entra Samuel L. Jackson como Roland Cox, un villano con el pelo blanco, cara de pocos amigos y cero paciencia para la gente que aparece y desaparece como si nada.
En su momento, la cinta parecía diseñada para abrir una saga. Tenía poderes, mitología, acción, romance, persecuciones por todo el mundo y un protagonista salido de una franquicia enorme como Star Wars. Pero algo no terminó de cuajar. La película recaudó dinero pero la recepción fue fría y desapareció de la conversación muy rápido.
Hayden Christensen no salió bien librado
Para Hayden Christensen, Jumper llegaba en un momento complicado. Venía de interpretar a Anakin Skywalker en las precuelas de Star Wars, un papel que lo volvió famoso, pero también lo dejó muy golpeado por una parte del público y la crítica. Hoy muchos fans han reevaluado su trabajo, sobre todo después de su regreso como Anakin y Darth Vader, pero en ese momento la cosa era distinta.
Jumper pudo haber sido su oportunidad para demostrar que podía cargar otra gran franquicia fuera de la galaxia de George Lucas. El problema es que la película no convenció lo suficiente. Muchos señalaron su actuación, otros criticaron el guion, otros sintieron que la historia corría demasiado y no explicaba lo necesario. En lugar de relanzarlo como héroe de acción, terminó reforzando la idea de que Hollywood no sabía muy bien qué hacer con él.
Y eso fue injusto en parte, porque la cinta tenía ideas muy divertidas. Ver a un personaje robar bancos teletransportándose, escapar en segundos o pelear usando el espacio como arma era bastante fresco para la época. El problema es que Jumper’ parecía poco interesada en construir personajes que de verdad importaran.
La sombra enorme de 'Iron Man'
Técnicamente, Jumper se estrenó antes que la película de Marvel, así que no fue una competencia directa de fin de semana. La culpa es más simbólica que literal. Lo que pasó es que, pocos meses después, Iron Man mostró cómo debía verse una nueva película de origen con protagonista carismático, humor, efectos, acción y planes claros de futuro.
Después de Tony Stark,‘Jumper empezó a sentirse como una oportunidad perdida. Tenía una idea de franquicia, pero no una personalidad tan fuerte. Marvel llegó con una película que parecía saber exactamente a dónde iba. Jumper, en cambio, parecía prometer una saga que nunca terminó de despegar.