‘La Noche del Demonio: Están entre nosotros’ cambia las reglas del universo de James Wan después de 16 años, pero no logra ir más allá de los buenos sustos
Nath Rodríguez
-Redactora y coordinadora de base de datos
Cinéfila amante del horror, los romances y las adaptaciones literarias.

La franquicia de Blumhouse regresa con una sexta entrega que busca renovar las reglas que ya conocemos de 'El Más Allá'

La franquicia de La Noche del Demonio se ha convertido en una de las sagas de terror más reconocibles de los últimos años gracias al universo creado por James Wan. Por eso, La Noche del Demonio: Están entre nosotros parecía tener una oportunidad interesante para hacer algo diferente: después de cinco películas, ¿qué pasaría si las entidades de El Más Allá finalmente pudieran cruzar al mundo de los vivos?

La respuesta, desafortunadamente, termina siendo menos interesante de lo que promete. La sexta entrega de la saga, dirigida por Jacob Chase, parte de una premisa con suficiente potencial para renovar las reglas de este universo, pero pasa buena parte intentando explicarla en lugar de aprovecharla. El resultado es una película que tiene buenas ideas, algunos momentos realmente inquietantes y una protagonista capaz de sostenerla, pero que termina sintiéndose atrapada dentro de su propia fórmula.

¿De qué trata ‘La Noche del Demonio: Están entre nosotros’?

La historia comienza en 1999, cuando la pequeña Gemma es testigo de la muerte de su madre. Años después, Gemma (Amelia Eve) se ha convertido en madre soltera y vive con su hija Maya en la misma casa donde creció. Su vida comienza a cambiar cuando experimenta los mismos síntomas que padecía su madre y descubre que tiene la capacidad de entrar en El Más Allá. Pero hay algo todavía más peligroso: Gemma puede traer objetos y entidades de ese plano al mundo de los vivos.

La idea de convertir a Gemma en una especie de puente entre ambos mundos resulta atractiva, especialmente porque podría modificar por completo las reglas que la franquicia ha establecido durante años. El problema es que la película no sabe aprovechar todo el potencial de esta premisa.

Una buena idea que se queda a medias

Uno de los principales problemas está en su ritmo. La película comienza planteando una situación que podría llevar a la saga por un camino completamente distinto, pero conforme avanza termina cayendo en una estructura repetitiva. Gemma investiga lo que está ocurriendo, aparecen nuevas explicaciones sobre El Más Allá, los personajes reaccionan ante ellas y, justo cuando parece que la historia está a punto de avanzar, vuelve a comenzar el mismo ciclo.

Esto resulta especialmente frustrante porque la amenaza debería sentirse cada vez más cercana. Si las entidades de El Más Allá pueden cruzar al mundo de los vivos, uno esperaría que la película fuera aumentando poco a poco la sensación de peligro. En cambio, durante buena parte de la historia existe la impresión de que estamos esperando que algo suceda. Y esto también termina afectando al terror.

La película tiene algunos escenarios incómodos y momentos capaces de generar tensión, pero estos terminan sintiéndose demasiado aislados. Cuando la historia permanece estancada durante demasiado tiempo, incluso los sustos pierden parte de su impacto.

Curiosamente, las mejores escenas aparecen cuando la cinta deja de explicar lo que ocurre y simplemente se dedica a crear atmósfera. El recorrido de Maya por su escondite construido con cojines del sillón o la inquietante secuencia en la que Gemma debe atender la boca de uno de los misteriosos Acólitos aprovechan mucho mejor el potencial visual de la película.

La fotografía, las siluetas y las figuras distorsionadas también funcionan a favor de la cinta. Incluso hay momentos en los que el silencio resulta más efectivo que los tradicionales golpes de sonido que la franquicia ha utilizado durante años.

El Más Allá ya no resulta tan aterrador

Otro de los problemas es precisamente uno de los elementos que alguna vez hicieron especial a La Noche del Demonio’: El Más Allá. Después de cinco películas, este universo debería sentirse más grande, misterioso y peligroso. Sin embargo, comienza a sentirse demasiado familiar. Las figuras oscuras, los demonios, la niebla y los pasillos que parecen esconder algo continúan ahí, pero ya no provocan la misma sensación de sorpresa que en las primeras entregas.

En lugar de ser un lugar que todavía tiene secretos por revelar, El Más Allá comienza a sentirse como un escenario que conocemos demasiado bien. La película intenta ampliar este universo introduciendo a los Acólitos y a Cyrus, una poderosa entidad que busca cruzar al mundo de los vivos. Sin embargo, estos nuevos elementos tampoco terminan de funcionar. Más que expandir las posibilidades de la franquicia, parecen otra variación de conceptos que ya conocemos.

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Una historia que tampoco logra conectar

La relación entre Gemma y Maya debería ser el corazón de la película. La idea de una madre que descubre que la misma presencia sobrenatural que destruyó a su familia podría ahora poner en peligro a su hija tiene todos los elementos necesarios para construir una tensión emocional mucho más poderosa. Pero el guion no consigue desarrollar suficientemente esa relación.

Amelia Eve hace un buen trabajo como protagonista y consigue transmitir mucho a través de sus expresiones, especialmente cuando Gemma comienza a cuestionarse qué es real y qué no. El problema es que el guion no le ofrece demasiadas herramientas para desarrollar al personaje. Algo similar ocurre con Brandon Perea y Maisie Richardson-Sellers. Ambos cumplen con sus respectivos papeles, pero sus personajes están tan poco desarrollados que algunos de sus momentos emocionales terminan perdiendo fuerza.

El regreso de Lin Shaye como Elise Rainier, por otro lado, funciona como un guiño para los seguidores de la franquicia y aporta una familiaridad que se agradece. Pero también evidencia cuánto continúa dependiendo la saga de personajes que ya conocemos en lugar de crear nuevas figuras capaces de generar el mismo interés.

Cuando finalmente se atreve a ser una película de terror

Lo más frustrante de La Noche del Demonio: Están entre nosotros es que sí demuestra, aunque demasiado tarde, que todavía existen posibilidades dentro de este universo. Cuando la película deja de explicar sus reglas y comienza a utilizarlas, el ritmo mejora considerablemente. Las entidades se sienten más amenazantes, el terror se vuelve más físico y la historia finalmente adquiere ese tono incómodo y caótico que uno esperaba desde el principio.

Durante algunos minutos, parece que la película finalmente encuentra el camino que estaba buscando. El problema es que ese cambio llega demasiado tarde.

Después de seis películas, ya no es únicamente que sus sustos hayan perdido fuerza. La franquicia parece haber agotado buena parte de las posibilidades. La primera entrega encontró una combinación efectiva entre drama familiar y terror sobrenatural. Pero conforme la saga comenzó a ampliar sus reglas, introducir nuevas familias y presentar nuevos demonios, sus propias limitaciones se hicieron cada vez más evidentes.

La Noche del Demonio: Están entre nosotros demuestra que cambiar las reglas no es suficiente. La franquicia necesita algo más que nuevos demonios: necesita atreverse a hacer algo realmente diferente.

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