Antes de interminables secuelas, esta cinta consiguió que una simple cena a bordo de una nave se volviera una pesadilla.
Hay momentos del cine de terror que se reconocen con apenas una imagen. La regadera de Psicosis, las gemelas de El resplandor o el primer encuentro con el tiburón de Steven Spielberg pertenecen a ese grupo. Ridley Scott consiguió algo parecido en 1979 con una criatura pequeña, una mesa llena de comida y John Hurt retorciéndose frente a sus compañeros.
Alien, el octavo pasajero ya llevaba un buen rato construyendo tensión antes de llegar ahí. La tripulación de la Nostromo había encontrado una forma de vida desconocida, Kane había sobrevivido al ataque del facehugger y, aparentemente recuperado, volvía a convivir con los demás. Entonces empieza a toser durante la cena. Segundos después, la ciencia ficción cambió para siempre.
Dan O'Bannon convirtió su propio dolor en el nacimiento del xenomorfo
La idea detrás de la famosa escena de la explosión en el pecho tenía una conexión muy personal con Dan O'Bannon, guionista de Alien. O'Bannon padecía la enfermedad de Crohn y llegó a sufrir dolores intestinales tan fuertes que necesitaba atención médica de urgencia. Su experiencia con esa sensación de tener algo atacándolo desde dentro terminó alimentando la imagen de una criatura creciendo dentro de un cuerpo humano hasta abrirse paso violentamente hacia afuera
La enfermedad comenzó a afectarlo cuando todavía era joven y trabajaba en proyectos como Dark Star, la película que escribió junto a John Carpenter. Años después, familiares y colaboradores recordarían que aquellos problemas digestivos podían llegar a ser extremadamente dolorosos. Una sensación corporal muy real terminó transformada en algo bastante peor: un organismo extraterrestre utilizando al ser humano como huésped.
A esa idea se sumó otra obsesión bastante desagradable. O'Bannon y el productor y guionista Ron Shusett habían hablado sobre ciertos insectos que depositan sus huevos dentro de otros animales para que las crías se desarrollen allí. De esa mezcla entre dolor físico, parasitismo y ciencia ficción surgió buena parte del ciclo de reproducción que terminaría definiendo al xenomorfo.
Los actores sabían lo que decía el guion, pero Ridley Scott tenía preparada otra sorpresa
La escena ya era inquietante sobre el papel. En pantalla, Scott quería algo más visceral. Sigourney Weaver, Veronica Cartwright, Yaphet Kotto y el resto del reparto sabían que una criatura saldría del cuerpo de Kane, aunque desconocían buena parte de cómo iba a ocurrir. El equipo incluso mantuvo varios detalles fuera de su vista para conseguir reacciones mucho más espontáneas.
John Hurt estaba colocado debajo de una mesa mientras una prótesis de su torso ocupaba su lugar. La cavidad falsa fue rellenada con órganos reales comprados en carnicerías y conectada a mecanismos que lanzarían sangre artificial en el momento preciso. El set estaba protegido con plástico y parte del equipo llevaba impermeables, una pista bastante evidente de que aquello iba a terminar hecho un desastre.
Cuando el chestburster atravesó finalmente el pecho, la sangre salió disparada hacia los actores. Veronica Cartwright recibió el impacto prácticamente de frente y la reacción que quedó en pantalla nació en buena medida de la sorpresa. Weaver recordó que por un momento estaba más preocupada por Hurt que por interpretar a Ripley, mientras Yaphet Kotto describió después el desconcierto que provocó aquel instante entre el reparto.
Una escena de pocos minutos terminó definiendo a 'Alien'
El efecto funcionó porque llega cuando la película parece conceder un pequeño descanso. Kane está despierto, todos vuelven a comer juntos y la Nostromo recupera por unos instantes cierta normalidad. Scott rompe ese ambiente de golpe y convierte el cuerpo humano en un lugar inseguro. El horror ya había entrado a la nave mucho antes de que la criatura adulta comenzara a perseguir a Ripley.
La secuencia se volvió una de las imágenes más conocidas de Alien y ha sido parodiada, homenajeada y copiada durante décadas. El British Film Institute todavía la señala como una de las grandes piezas de la película y destaca cómo la combinación de ciencia ficción, horror corporal y los diseños de H.R. Giger ayudaron a convertir el largometraje de Scott en algo mucho más grande que una simple historia de monstruos en el espacio. Lo más extraño es pensar que uno de los momentos que ayudaron a definir todo un universo cinematográfico comenzó con una sensación mucho menos fantástica.