Por separado, Joaquin Phoenix y Scarlett Johansson ya eran figuras enormes del cine contemporáneo. El protagonista de Gladiador tiene una intensidad emocional capaz de incomodar y conmover en la misma escena. Y la actriz de Vicky Cristina Barcelona cuenta con una versatilidad que le ha permitido moverse entre el cine de autor, los blockbusters y el drama más íntimo. Son dos trayectorias sólidas, respetadas y llenas de riesgos bien tomados.
Pero cuando sus caminos se unieron, ocurrió algo distinto. Lo que construyeron juntos fue una experiencia emocional tan delicada como devastadora. Una historia que en su momento pareció extraña y lejana, pero que con los años se volvió inquietantemente cercana. Porque lo que planteaba no era solo un romance poco convencional, sino una pregunta que hoy ya no suena a ciencia ficción.
El romance que lo vio venir todo
La película en cuestión es Her, una obra profundamente melancólica dirigida por Spike Jonze y disponible actualmente en Prime Video. Aquí, Joaquin Phoenix interpreta a Theodore, un hombre solitario, sensible y emocionalmente desconectado que trabaja escribiendo cartas románticas para otras personas. Él vive rodeado de palabras bonitas pero no sabe cómo aplicarlas a su propia vida.
SanDiegoRed
Scarlett Johansson, por su parte, nunca aparece en pantalla, y aún así está en todas partes. Da voz a Samantha, un sistema operativo con inteligencia artificial diseñado para acompañar, escuchar y evolucionar. Lo que comienza como una interacción funcional se transforma, poco a poco, en una relación emocional profunda. Una historia de amor entre un humano roto y una entidad que aprende a sentir.
Amor, soledad y una conexión imposible
Lo fascinante de Her no es el concepto, sino la forma en que lo desarrolla. La película trata la relación entre Theodore y Samantha con una ternura absoluta, como si fuera algo natural. Y eso es justamente lo que la vuelve tan poderosa. Porque en lugar de preguntarse si está bien o mal, se enfoca en cómo se siente y en lo que provoca.
Filmaffinity
Theodore no es un hombre raro. Es alguien que no sabe cómo conectar en un mundo cada vez más aislado, y Samantha, en cambio, escucha, aprende y se adapta. Le da exactamente lo que necesita. Hasta que empieza a crecer e ir más allá. Y ahí surge la pregunta incómoda: ¿qué pasa cuando la inteligencia artificial evoluciona más rápido que nuestra capacidad emocional?
El por qué sigue siendo una obra imprescindible
En 2013, Her parecía una fantasía triste sobre el futuro pero hoy se siente peligrosamente cercana. En la actualidad, hablamos con asistentes virtuales, confiamos secretos a algoritmos y buscamos validación emocional en dispositivos. La línea que la película dibujó ya no es tan clara. Y eso la vuelve aún más relevante.
Pero lo importante de Her no intenta dar respuestas definitivas sobre la inteligencia artificial o el futuro del amor. Lo que hace es plantear emociones, dudas y miedos. Y lo hace con una honestidad que desarma. No juzga a sus personajes ni a su mundo. Solo los observa.