Hay películas que no solo definen su género, sino que lo cambian para siempre. Alien, el octavo pasajero convirtió el espacio en una pesadilla claustrofóbica. Terminator mezcló ciencia ficción con paranoia tecnológica e inteligencias artificiales asesinas. Y Volver al futuro demostró que el viaje en el tiempo podía ser divertido y emotivo pero también caótico. Todas hoy son intocables y clásicos absolutos. Pero lo que pocas veces se recuerda es que ninguna nació con aplausos garantizados.
De hecho, algunas comenzaron de la peor manera posible: con dudas, caras largas y la sensación incómoda de que algo había salido mal. Antes de convertirse en leyendas, fueron proyectos cuestionados e incluso ridiculizados. Y hubo una en particular que arrancó con un silencio tan brutal que pudo haber enterrado para siempre lo que hoy conocemos como la saga de ciencia ficción más importante de la historia.
El día que todo pudo terminar antes de empezar
A mediados de los años setenta, George Lucas organizó una proyección de prueba de Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza, una película extraña, ambiciosa y difícil de explicar para su época. El cineasta invitó a algunas de las mentes más influyentes del momento para mostrarles su trabajo esperando una reacción. Entre los asistentes estaban Steven Spielberg, Francis Ford Coppola y Brian De Palma, además de guionistas, colaboradores cercanos y ejecutivos de 20th Century Fox.
Into Film
Según el libro Easy Riders, Raging Bulls del crítico Peter Biskind, al terminar la proyección "no hubo aplausos, solo un silencio embarazoso". Nadie celebró ni supieron muy bien qué decir. La sensación general era de confusión. Algunos pensaron que la película era infantil y otros que era demasiado rara.
Una idea demasiado adelantada a su tiempo
Parte del problema era que el cine no estaba listo para algo así. El público venía de historias más realistas y Star Wars proponía mitología, aventura pura, héroes claros y villanos absolutos en una época donde eso parecía ingenuo.
The Cinema Critic
Además, los efectos especiales aún no habían explotado como lenguaje narrativo. Lo que hoy nos parece normal, como naves, batallas espaciales y mundos lejanos, en ese momento era algo casi incomprensible. No había referencia previa. Lucas estaba inventando un idioma cinematográfico nuevo y nadie sabía cómo reaccionar.
El giro que nadie vio venir
A pesar de esa primera reacción desastrosa, la película llegó a los cines. Y lo que ocurrió después es historia pura. El público conectó de inmediato, las salas se llenaron y las filas daban la vuelta a la manzana. Los niños salían queriendo ser Jedi y los adultos volvían a sentir asombro.
Ese silencio incómodo se transformó en un rugido mundial. Una nueva esperanza no solo fue un éxito: creó una saga, un universo expandido y una cultura completa. Cambió el modelo de los blockbusters, el merchandising, las secuelas y la relación emocional del público con la ciencia ficción.