Muchos actores han sido Batman y cada uno dejó su propia marca bajo la máscara. Michael Keaton le dio rareza y elegancia gótica, Christian Bale lo dio trauma con entrenamiento militar, George Clooney cargó con el traje más controversial de la franquicia, Ben Affleck lo volvió más comercial y Robert Pattinson lo llevó hacia una versión más detectivesca, joven y obsesiva. El Murciélago cambia de rostro cada cierto tiempo, pero casi siempre se conserva en el centro del escenario.
En Hollywood, sin embargo, a veces el verdadero golpe no lo da quien aparece como héroe. Algunos villanos llegan, se roban la película y además se van con el mejor cheque. En el caso de Batman, la película de Tim Burton de 1989, hubo un actor que entendió el negocio mejor que muchos ejecutivos. Su Joker no sólo se quedó en la memoria del público: también cerró uno de los contratos más inteligentes que se recuerdan en una superproducción.
Jack Nicholson vio algo que otros no alcanzaron a medir
El actor fue Jack Nicholson, quien aceptó interpretar al Joker en Batman con una jugada financiera digna del propio villano. En lugar de cobrar únicamente un sueldo alto por adelantado, redujo su tarifa inicial y negoció una participación en las ganancias de la película, incluyendo taquilla y mercancía relacionada con el personaje. La decisión terminó siendo una mina de oro.
PolyGram Filmed Entertainment
Nicholson ya era una leyenda antes de ponerse la sonrisa del Payaso del Crimen. Venía de una carrera enorme, con películas como Atrapado sin salida, El resplandor, Chinatown y La fuerza del cariño. Warner Bros. no estaba contratando a un actor cualquiera. Estaba llevando al proyecto a una estrella con prestigio, fuerza comercial y una personalidad perfecta para vender el lado más oscuro de Gotham.
La apuesta parecía arriesgada en el momento. El cine de superhéroes todavía no era la maquinaria imparable que conocemos hoy, y Batman venía de cargar con la sombra camp de la serie de los años 60. Tim Burton quería una película más oscura, pero nadie podía saber con certeza si el público iba a responder igual de fuerte. Pero Nicholson olió el fenómeno antes de que explotara.
El Joker también ganó fuera de pantalla
El acuerdo de Nicholson se recuerda como uno de los mejores de la historia de Hollywood. Su salario base habría sido de alrededor de seis millones de dólares, una cifra ya poderosa para la época, pero el verdadero premio llegó con los porcentajes. Cuando Batman se volvió un fenómeno mundial, la taquilla, los juguetes, camisetas, pósters y productos del Joker multiplicaron sus ingresos de forma brutal.
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Las estimaciones colocan sus ganancias finales por encima de los 60 millones de dólares, e incluso algunos cálculos las acercan a los 90 millones. Para ponerlo en perspectiva: era el villano de la película, pero terminó cobrando como si hubiera salvado Gotham, dirigido la cinta y vendido cada figura de acción con sus propias manos. Michael Keaton era Batman pero Nicholson tenía el contrato más jugoso.
La ironía se hizo presente porque Joker siempre ha sido un personaje que entiende el caos como oportunidad. En pantalla, Nicholson bailaba, destruía museos, hacía bromas macabras y hacía que cada escena se volviera un pequeño espectáculo de vanidad criminal. Fuera de pantalla, el actor hizo algo parecido, pero con abogados y porcentajes. Se metió en una franquicia antes de que todos entendieran cuánto dinero podía generar una franquicia.