Pensar en Akira Toriyama es recordar de inmediato el cabello imposible de Goku, la armadura de Vegeta, la sonrisa de Majin Buu o las distintas transformaciones de Freezer. Su trabajo quedó tan ligado a Dragon Ball que a veces se olvida todo lo que hizo fuera del manga y el anime. En los videojuegos, por ejemplo, dejó su sello en Dragon Quest, Chrono Trigger y Blue Dragon, cada uno con mundos que podrían reconocerse como suyos sin mirar los créditos.
Durante los años 90, además, los juegos de peleas atravesaban uno de sus mejores momentos. Street Fighter dominaba los salones arcade, Virtua Fighter había dado el salto a las tres dimensiones y Tekken comenzaba a convertirse en uno de los nombres fuertes de PlayStation. Square, conocida sobre todo por sus juegos de rol, también quería entrar al ring, pero necesitaba personajes capaces de competir con todos esos luchadores.
Toriyama prefirió crear un elenco desde cero
El resultado fue Tobal No. 1, un videojuego de peleas lanzado para la primera PlayStation en 1996. Seiichi Ishii, diseñador que había trabajado en Virtua Fighter y dirigido los dos primeros Tekken, quería tener a alguien parecido a Trunks entre los combatientes. Según la historia detrás del proyecto, la idea de utilizar personajes de Dragon Ball no avanzó y después se contempló transformar a Chrono Trigger en un juego de lucha. Toriyama terminó frenando ese plan con una solución bastante sencilla: él mismo diseñaría un reparto completamente nuevo.
Infinity Retro
Ishii contó que el prototipo comenzó a desarrollarse pensando en Crono, Marle, Frog y el resto de los héroes del clásico de Super Nintendo. Toriyama ya había creado sus apariencias, así que parecía una manera fácil de aprovechar personajes conocidos sin tocar directamente a Goku y compañía. En medio del proceso, el mangaka apareció y se ofreció a dibujar otros luchadores. Así nació un universo que no dependía de ninguna franquicia previa, aunque algunos de sus protagonistas conservaron un ligero aire a Dragon Ball.
El más evidente era Chuji Wu, un joven peleador cuyo cabello, rostro y actitud recuerdan bastante a Trunks. A su alrededor aparecían personajes mucho más extraños: la agente Epon, el anciano Fei Pusu, el robot Hom, la luchadora Mary Ivonskaya y criaturas como Oliems e Ill Goga. Toriyama también ayudó a establecer la historia y el mundo del juego, no solamente la apariencia de quienes repartían golpes.
'Tobal No. 1' mezclaba peleas, extraterrestres y calabozos
La historia ocurría en 2048, en un planeta llamado Tobal que poseía grandes reservas de un mineral utilizado como fuente de energía. Humanos, extraterrestres y robots participaban en un torneo para decidir quién tendría derecho a explotarlo. Aunque no era precisamente una trama compleja, pero servía para reunir en una misma arena a todo tipo de criaturas salidas del lápiz de Toriyama.
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En lo jugable, Tobal No. 1 tampoco se limitaba a copiar lo que ya hacían Tekken o Virtua Fighter. Permitía moverse con libertad por escenarios tridimensionales, incluía ataques altos, medios y bajos, además de agarres, bloqueos y victorias al sacar al rival del cuadrilátero. Su apartado visual evitaba las texturas y reducía varios detalles para mantener la acción a 60 cuadros por segundo, algo poco común para los juegos 3D de aquella época
El problema fue que los modelos poligonales no siempre lograron conservar la fuerza de los dibujos originales. En ilustraciones y artes promocionales, los personajes tenían las líneas, expresiones y proporciones típicas de Toriyama. Pero dentro del juego, las limitaciones de PlayStation suavizaban buena parte de esa identidad. Aun así, tuvo una recepción positiva, funcionó bien en Japón y con los años ganó estatus de título de culto.
Toriyama hasta se convirtió en un personaje secreto
El juego guardaba una última broma para quienes lograran superar uno de sus calabozos más difíciles. Al completar los 30 pisos de la mazmorra de Udan se desbloqueaba a Toriyama Robo, un pequeño luchador inspirado en la representación robótica que el autor utilizaba para aparecer dentro de sus propias obras. Después de negarse a soltar a Goku o Trunks, terminó prestándose a sí mismo.
La colaboración continuó en Tobal 2, publicado en 1997 únicamente en Japón y nuevamente acompañado por diseños de Toriyama. La saga no alcanzó el tamaño de Dragon Ball, Tekken o Final Fantasy, pero dejó una historia difícil de superar: un equipo quería personajes conocidos y recibió a cambio un planeta, un torneo y un reparto completamente nuevo.