Marlon Brando, protagonista de El Padrino y La ley del silencio, dejó para la historia algunas de las interpretaciones más importantes del cine estadounidense. Sin embargo, ni siquiera una carrera de ese calibre estuvo libre de tropiezos. Entre ellos hubo una película que el propio actor terminó juzgando con especial dureza: La casa de té de la luna de agosto.
Estrenada en 1956 y dirigida por Daniel Mann, la cinta llevó a Brando a interpretar a Sakini, un intérprete de Okinawa que sirve de enlace entre los habitantes de la isla y las tropas estadounidenses después de la Segunda Guerra Mundial. El actor compartió pantalla con Glenn Ford, Machiko Kyō y Eddie Albert.
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Brando no tuvo piedad con su propia película
Décadas después del estreno, Brando recordó su experiencia en su autobiografía Brando: Songs My Mother Taught Me. El actor explicó que admiraba especialmente la interpretación de David Wayne, quien había interpretado a Sakini en Broadway, y consideraba que la obra original era una comedia de costumbres delicada y divertida.
Su opinión sobre la adaptación cinematográfica, sin embargo, fue muy diferente. Brando sostuvo que una buena obra puede resistir a los actores, pero que en este caso él y Glenn Ford demostraron lo fácil que era perjudicar una historia cuando los intérpretes estaban demasiado concentrados en sus propias actuaciones y no funcionaban como conjunto. Su conclusión fue contundente: consideraba que había sido una película horrible y que estaba mal elegido para el papel.
La confesión resulta especialmente llamativa porque Brando no era precisamente un actor que pasara desapercibido. Para entonces ya había protagonizado Un tranvía llamado deseo, ¡Viva Zapata!, Julio César y La ley del silencio, película por la que consiguió su primer Óscar.
El papel que hoy resulta especialmente polémico
La casa de té de la luna de agosto estaba basada en la obra teatral de John Patrick, a su vez inspirada en la novela de Vern J. Sneider. La producción pretendía satirizar la ocupación estadounidense de Okinawa y el intento de imponer costumbres occidentales después de la guerra.
Sin embargo, vista desde la actualidad, la película también resulta problemática por la manera en que representa a los personajes asiáticos. Brando interpretó a un personaje japonés mediante maquillaje, acento y gestos exagerados, una decisión que actualmente suele analizarse como un ejemplo de yellowface. La propia recepción crítica de la época ya encontraba extraña su caracterización, mientras que revisiones posteriores han cuestionado todavía más estos elementos.
Curiosamente, la película no fue un fracaso comercial. Su presupuesto rondó los 3,9 millones de dólares y recaudó cerca de 8,9 millones, además de recibir nominaciones a los Globos de Oro.
Un tropiezo antes de El Padrino
A pesar de su arrepentimiento, La casa de té de la luna de agosto quedó como una pequeña pieza dentro de una carrera extraordinaria. Años después, Brando regresaría a la cima con El Padrino, donde interpretó a Vito Corleone y consiguió su segundo Óscar.
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Su último papel cinematográfico llegó en The Score (2001), donde volvió a coincidir con Robert De Niro. Brando murió en 2004, pero su trabajo nos marcó tanto por sus interpretaciones legendarias como por aquellos proyectos que, según él mismo reconoció, habría preferido no haber hecho.