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    'Yo soy Betty, la fea': ¿Por qué no pasa de moda?
    Por Iván Romero — 18 abr. 2020 a las 11:08
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    La teleserie sigue estando en los contenidos más vistos de Netflix.

    Yo soy Betty, la fea, teleserie creada por el fallecido y aclamado escritor colombiano Fernando Gaitán, sigue siendo un fenómeno de consumo tras más de 20 años de haberse estrenado. En aquella época la historia de Beatriz Aurora Pinzón Solano (Ana María Orozco) y su jefe: Armando Mendoza (Jorge Enrique Abello) marcó un antes y un después no sólo en la televisión colombiana, sino en otros países e incluso continentes.

    Para resumir su éxito, Yo soy Betty, la fea se encuentra desde el 2010 en el Libro Guinness de los récords, considerándola como la telenovela más exitosa de la historia teniendo más de 28 adaptaciones en el mundo, ha sido doblada a más de 20 idiomas y vista en más de 100 países; lo anterior incluye una desafortunada versión mexicana y una estadounidense producida por Salma Hayek llamada Ugly Betty con America Ferrera como protagonista y que duró cuatro temporadas. Nada mal para una economista que entró de asistente a una empresa de moda.

    EL FENÉMENO DE ‘YO SOY BETTY, LA FEA’

    La teleserie no precisamente contaba algo nuevo, pero la pluma de Gaitán tenía ingenio y astucia tremenda para el melodrama. Fernando, quien por cierto tiene en su haber otro fenómeno televisivo con Café, con aroma de mujer, nunca vio venir el éxito rotundo de su teleserie, lo que provocó una secuela llamada Ecomoda, una caricatura: Betty Toons y una obra de teatro con el elenco original que durante 2017 y 2018 abarrotaron las taquillas de los teatros en Colombia: algo nunca antes visto.

    Yo soy Betty, la fea al igual que Café, con aroma de mujer formaban parte de los contenidos de Netflix para Latinoamérica entre 2015 y 2016, pero eventualmente fueron removidos tras el repunte de la plataforma y la creación de productos originales. Tampoco era un secreto que en esos años el servicio contaba con una categoría bastante robusta de telenovelas nacionales e internacionales, las cuales eran de lo más consumido.

    La ironía llegó en el último semestre del 2019, cuando Netflix integró el más reciente remake de Yo soy Betty, la fea, titulado Betty in New York, producción estadounidense de la cadena Telemundo y protagonizada por el actor mexicano Erick Elías en el papel del jefe de Betty. Inmediatamente el producto se posicionó entre lo más visto de la plataforma y era parte de las tendencias, lo que no se imaginaron es que para octubre del mismo año, aprovechando este éxito, Netflix regresó a su catálogo la producción original colombiana, compitiendo de cierta manera con su última adaptación y robando las miradas de la audiencia de otros productos.

    ¿POR QUÉ NO PASA DE MODA ‘YO SOY BETTY, LA FEA’?

    Siete meses después de su reingreso a Netflix, Yo soy Betty, la fea sigue entre lo más visto del servicio. Los que conocen la teleserie la vuelven a ver y los que no, siente curiosidad, porque a final de cuentas es un producto encantador, con personajes entrañables, escritos con coherencia (dentro de la farsa que representan) y sin caer en lo caricaturesco. El trayecto de la asistente de singular personalidad y limitados atributos físicos para convertirse en la dueña de la empresa de modas y obtener el amor del jefe, resulta una historia de Cenicienta moderna, pero también es un tanto reduccionista definirla de tal manera.

    Al compararla con otros productos televisivos disfrazados de series como La reina del surEl señor de los cielos o recientemente El club y El dragón: El regreso de un guerrero, Betty sigue teniendo una frescura que evade la violencia de las teleseries mencionadas y se diferencia de cualquier formato de telenovela, ya que incluso el humor que la caracteriza de pronto podría compararse con el de una sitcom y es por lo que ahora se le puede etiquetar como teleserie.

    Es adictiva y cruel sobre todo al retratar los estándares de belleza que la protagonista evidentemente carecía, pero la comedia de sus personajes es funcional como La peliteñida (Lorna Paz), una especie de villana que tiene los mejores momentos y diálogos de la teleserie, Armando, Marcela Valencia (Natalia Ramírez), que resultaba la contraparte de Betty y por quien se disputaba el amor del jefe o Nicolás Mora (Mario Duarte), el mejor amigo de Betty y un gran personaje que se quedó en la memoria colectiva de todo aquel que ha ya visto la teleserie.

    Gaitán lograba de manera brillante que varios episodios se centraran en una junta de resultados de una empresa, manteniendo la tensión, comedia, drama y un timing entre los actores que evidentemente reflejaban el gran trabajo que había en el texto, pero indudablemente el factor de su éxito dos décadas después, es la empatía y las risas que la serie generan; es como reencontrarte con un viejo amigo. Además, claramente la historia de amor (es verdad que de cuento de hadas) aderezada de humor es una fórmula que no caduca. Yo soy Betty, la fea sigue disponible en Netflix y no estaría mal que le dieran una oportunidad o la visitarán de nuevo.

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