Annabelle 3: Viene a casa
Críticas
2,5
Regular
Annabelle 3: Viene a casa

Sustos que no dan gusto

por Tamara Cuevas

El Universo Cinematográfico de El Conjuro nos ha mantenido a la expectativa desde el 2013. Hay años en que entregan películas que nos hacen recobrar la esperanza en la franquicia aunque James Wan –su creador– ya no esté a cargo de la dirección. También hay años en que el mundo sería un mejor lugar sin sus producciones.

El spin-off de la diabólica muñeca, Annabelle, comenzó en el 2014, luego de que causara sensación en los espectadores su horrible apariencia – así como en su momento lo causó la monja que aparece en El Conjuro 2 y a quien también le otorgarían una película en solitario (La Monja) que, hay que decirlo, fue un total fracaso en crítica pero un éxito en taquilla. Este 2019 llegó la esperada tercera parte de la saga en solitario de la muñeca, Annabelle 3: Viene a casa, y las expectativas eran altas, sobre todo por el clima esperanzador en el que los fanáticos nos encontrábamos luego de lo que significó Annabelle 2: La creación.

A diferencia de Annabelle (2014) la segunda entrega de la historia, en 2017, fue sorprendente. Nuevamente se respiraban las atmósferas de terror que para James Wan eran parte del sello distintivo de la franquicia. El guionista, Gary Dauberman, logró replicar y construir los mundos desesperanzadores de El Conjuro a la perfección en Annabelle 2: La creación; Dauberman había tenido una evolución como guionista y estaba listo para a ocupar la silla de director. Partiendo de esta base, no había manera de regresar al contenido aburrido, vacío y casi telenovelesco que había creado en la cinta del 2014. 




La premisa de esta nueva entrega era, por lo menos, fantástica – en todo el sentido de la palabra. La casa de los Warren, probablemente el lugar más bendito después del Vaticano, se convierte en un infierno en la tierra, luego de que la mejor amiga de la niñera de Judy –la única hija de los Warren– sacara de su estante a la aterradora muñeca. El prólogo de Annabelle 3: Viene a casa, donde vemos a la pareja de demonólogos (Vera Farmiga y Patrick Wilson) trasladar al juguete a su casa, sirve como una clase de advertencia: la muñeca despierta a todos los espíritus malignos que se encuentren a su alrededor. La semilla ya estaba plantada y las secuencias terroríficas como las de la saga original no tardarían en llegar – o eso pensábamos.

Pero en su lugar nos encontramos con un libreto que no se toma a sí mismo en serio, provocando risas donde tendría que haber gritos. El principio de Annabelle 3: Viene a casa se disfruta pero pronto la trama se convierte en comedia (una muy débil). El problema no son los gags, el problema es que son demasiados – tantos que por un momento parece Scary Movie. No todo es malo en esta entrega, cuando llegan las secuencias que están planeadas para hacernos gritar, no decepcionan, pero tenemos que esperar demasiado para ello.

Lo que sí es excelente en Annabelle 3: Viene a casa es la actuación de McKenna Grace, quien interpreta a Judy, la hija de los demonólogos que es bulleada por el simple hecho de llevar el apellido Warren. La niña es temerosa y ya ha empezado a desarrollar las habilidades psíquicas de su madre, las que, eventualmente, le servirán para arreglar el desastre que ha provocado una chica que busca con desesperación conectarse con el más allá. En conclusión, Annabelle 3: Viene a casa no es completamente una decepción, pero tampoco algo que recordaremos como lo más brillante que nos ha dado la franquicia de El Conjuro



Back to Top