Entre tantas películas de IA que imaginaron el fin del mundo, esta fue la que entendió otra amenaza mucho más cotidiana.
Cuando se habla de películas sobre inteligencia artificial, casi siempre aparecen las más obvias. Terminator imaginó máquinas tomando el control del mundo y Ex Machina llevó la conversación al terreno de la manipulación, el deseo y el miedo a lo que una IA podría hacer con nosotros. Son películas potentes pero ninguna terminó pareciéndose tanto a la vida cotidiana como otra mucho más silenciosa, más triste y más íntima.
Porque el futuro que mejor envejeció no fue el de robots asesinos ni laboratorios cerrados. Fue el de una persona sola, hablándole a una voz que la entiende mejor que casi cualquier humano a su alrededor. Ahí está la puntería rara de Her, la película de Spike Jonze que hace más de diez años parecía una fantasía melancólica y hoy se siente peligrosamente cercana. Además, puede verse en Prime Video.
La película que entendió otra clase de miedo
Her sigue a Theodore Twombly, un hombre que vive de escribir cartas emocionales para otros mientras intenta recuperarse del final de una relación larga. En medio de ese vacío compra un sistema operativo con inteligencia artificial y termina enamorándose de Samantha, una voz que no tiene cuerpo, pero sí humor, sensibilidad, deseo y una capacidad muy precisa para acompañarlo.
Lo impresionante es que Spike Jonze nunca filmó la relación como una simple rareza futurista. La filmó como algo emocionalmente plausible. Theodore no se enamora de una máquina porque sea el futuro, sino porque está solo, cansado y emocionalmente desarmado, algo más humano que un apocalipsis robótico. Por eso la película pega más hoy: porque su miedo no era técnico, era afectivo.
Más que predecir la IA, predijo la soledad digital
Eso es lo que vuelve a Her tan actual. No adivinó exactamente cómo se verían los asistentes virtuales ni cómo hablaríamos con ellos, pero sí entendió algo mucho más importante: que la tecnología iba a volverse cada vez más íntima y que, en ese proceso, muchas personas iban a empezar a llenar vacíos emocionales con interfaces que responden y escuchan siempre y nunca se cansan de uno.
La película se estrenó en 2013, pero varias de sus intuiciones hoy ya no se sienten como ciencia ficción. En marzo de 2025, investigaciones de OpenAI y MIT Media Lab reportadas por The Guardian apuntaron algo impresionante: los usuarios más intensivos de chatbots tienden a sentirse más solos y más emocionalmente dependientes de estas herramientas. No es exactamente la historia de Theodore y Samantha, pero sí una señal inquietante de que Jonze estaba viendo venir algo real.
Por eso hoy se siente más real que nunca
También ayuda que Her nunca cae en el tono de advertencia moral obvia. No te dice si está mal” ni que la tecnología nos va a destruir. Más bien muestra lo fácil que puede ser confundir compañía con conexión profunda cuando una voz te responde con atención total y se adapta a lo que necesitas oír.
Her no ha necesitao de volverse más espectacular con los años. Le bastó con seguir ahí viendo cómo el mundo se le acercaba a sus preguntas. Ahora que ya convivimos con asistentes de voz, chatbots cada vez más naturales y relaciones digitales mucho más intensas que antes, la película se siente menos como una fantasía bonita y más como una observación adelantada.