El esperado regreso de Steven Spielberg a los extraterrestres termina revelando una historia mucho más humana de lo que imaginaba.
Para cualquier cinéfilo, hablar de Steven Spielberg y la vida extraterrestre parece de lo más natural del mundo, ya que ha sido una de las temáticas más recurrentes del cineasta a lo largo de su carrera. Comenzando por Firelight y Encuentros cercanos del tercer tipo, pasando por el icónico E.T.: El extraterrestre y La guerra de los mundos, ahora llega con El día de la revelación, la cinta que parece consolidar el trabajo que comenzó hace casi sesenta años.
Esta producción vuelve a poner sobre la mesa las teorías más conspirativas y esa sensación de que Spielberg o Hollywood tiene algo que decirnos, preparándonos para algo mucho más grande. Y desde ahí, nos habla del gran blockbuster del verano que tenemos ante nuestros ojos: ciencia ficción en su máxima expresión.
¿De qué trata 'El día de la revelación'?
Pero antes que nada, hablemos de la trama. Sin compartir demasiados detalles, la historia presenta a la reportera del clima Margaret Fairchild (Emily Blunt), quien vive en Kansas y aspira a seguir creciendo profesionalmente. Todo cambia durante una transmisión en vivo, cuando sufre un extraño episodio en televisión en vivo donde comienza a emitir sonidos inexplicables que todos interpretan como una crisis provocada por el estrés.
Por otro lado, tenemos al fugitivo Daniel Kellner (Josh O'Connor), quien parece poseer información tan importante que termina poniendo en peligro a su novia, Jane Bakenship (Eve Scanlon), y convirtiéndose en el objetivo de Noah Scanlon (Colin Firth), CEO de una importante empresa de seguridad. Al mismo tiempo que recibe ayuda de Hugo Wakefield (Colman Domingo), quien fue la mente maestra detrás del robo. Margaret y Daniel terminarán siendo piezas clave para la revelación más importante de la humanidad.
Más que extraterrestres, una reflexión sobre la humanidad
Basada en una historia de Spielberg y con ese toque tan personal que el director siempre ha tenido respecto a la vida extraterrestre, la película cuenta con un guion escrito por su viejo amigo y colaborador David Koepp. El resultado es una historia que, aunque gira alrededor de un misterio aparentemente evidente, encuentra la forma de sorprender mediante pequeños secretos y revelaciones.
Por otro lado, como mencioné anteriormente, esta película parece consolidar lo que el director ha trabajado durante décadas. Podemos encontrar el clásico diseño de los extraterrestres grises de Encuentros cercanos del tercer tipo; la humanidad y cercanía de E.T.: El extraterrestre; e incluso el contraste con la visión mucho más terrorífica que vimos en La guerra de los mundos. No es que exista una conexión directa confirmada, pero sí se siente como si Spielberg estuviera dialogando con sus propias películas dentro de un universo.
Pero, a diferencia de cuando inició su carrera, el tema extraterrestre ha evolucionado junto con el conocimiento público. Basta recordar que hace apenas unos años el gobierno de Estados Unidos reveló material oficial relacionado con fenómenos aéreos no identificados, reabriendo el debate sobre la posibilidad de vida más allá de nuestro planeta.
Y parece que Spielberg no subestima a su audiencia en este sentido. Confía en que ya tenemos suficiente contexto sobre el tema, por lo que esta producción comienza rápido y va mucho más allá de preguntarse si existen estos seres. Lo que realmente plantea es qué ocurriría si tuviéramos esa verdad frente a nosotros. ¿Reinaría el caos? ¿Las religiones se derrumbarían? ¿Quién decide quién debe conocer la verdad y quién no?
No se siente que exista un juicio definitivo sobre ninguna de estas preguntas, pero sí una reflexión constante sobre quiénes somos como humanidad. Los extraterrestres terminan funcionando como una herramienta para hablar de la empatía, de nuestra posición dentro del universo y hasta de la posibilidad de cuestionar si realmente somos la creación más importante de un Dios.
El camino que Margaret y Daniel atraviesan también puede interpretarse como una búsqueda de identidad y propósito. Una búsqueda incómoda, caótica e incluso irónica en varios momentos. Y es precisamente ahí donde la película vuelve a conectar con la visión humana que Spielberg parece querer poner sobre la mesa más allá de su evidente trama de extraterrestres.
Y aquí es donde debo destacar que el trabajo actoral merece todas las palmas. Emily Blunt se convierte en el corazón emocional de la película y, probablemente, entrega una de las mejores interpretaciones de su carrera reciente. La forma en que transmite fortaleza y vulnerabilidad al mismo tiempo, sin perder de vista el humor que requiere el personaje, añade múltiples capas emocionales a la historia y deja claro por qué fue elegida para el papel.
Lo mismo ocurre con Josh O'Connor, quien funciona como un excelente contrapeso para Blunt, pero también como un complemento perfecto dentro de la dinámica entre los personajes. Ambos sostienen gran parte del peso emocional de una historia que constantemente se mueve entre la acción, el suspenso y el drama emocional.
El gran acierto y la principal limitante de Spielberg
Y sin dudarlo, Spielberg entrega lo que ya sabe hacer: una gran película de ciencia ficción. La producción cuenta con secuencias de acción cuidadosamente diseñadas que permiten reconocer inmediatamente su estilo. Existe una sensación constante de estar viendo una gran película setentera, aunque aprovechando todas las ventajas tecnológicas del cine actual. Esa mezcla entre lo clásico y lo moderno provoca una familiaridad inmediata para quienes han seguido la carrera del director.
La música de John Williams, como era de esperarse, vuelve a ser extraordinaria. Su trabajo eleva cada momento importante de la película y sirve como un recordatorio de por qué este sigue siendo uno de los compositores más importantes en la historia del cine.
También creo que una de las decisiones más inteligentes alrededor de El día de la revelación fue el misterio que acompañó toda su campaña de promoción. Durante meses existió un enorme secreto sobre lo que realmente ocultaba la película, algo que ayudó muchísimo a conservar el factor sorpresa dentro de la sala. Sin embargo, esa misma estrategia también podría jugarle en contra. Las expectativas crecieron tanto que inevitablemente uno espera encontrarse con algo completamente revolucionario. Y aunque la película cumple en muchos sentidos, no siempre alcanza esa sensación de descubrimiento que provocaron algunas de las obras más emblemáticas de Spielberg.
De hecho, creo que ahí se encuentra mi principal problema con la película. Spielberg sigue siendo un narrador extraordinario y muchas de las preguntas establecidas continúan siendo actuales, pero también da la impresión de que constantemente se enfrenta a las mismas inquietudes que han definido gran parte de su carrera: la empatía, la fe, la familia, la esperanza y la necesidad de encontrar conexión con algo más.
No es que estas ideas no funcionen, pero por momentos El día de la revelación parece más interesada en reafirmar la filosofía personal de Spielberg que en cuestionarla. Y eso provoca que, aunque la película sea emocionante, profundamente humana y técnicamente buena, se siente que algo termina faltando.
Pero, en lo personal, la última parte de la película termina consolidando muy bien toda la ambición del proyecto. Si bien podría tener opiniones sobre las decisiones sobre la narrativa, algunas escenas o algunos efectos visuales (nada particularmente grave), todo eso se me olvidó cuando la historia llegó a ese momento para el que llevaba preparándome durante más de dos horas. Lo construido para ese desenlace, que en realidad parece bastante evidente desde el inicio, nunca dejó de sorprenderme para recordarme por qué Spielberg sigue siendo uno de los grandes maestros del storytelling.
Aun así, El día de la revelación parece ser un triunfo dentro de la filmografía de Spielberg. Una vuelta al género que mejor domina y una experiencia que logra provocar sorpresa, emoción y cuestionamientos. Al final, la película nos deja pensando menos en los extraterrestres y más en nuestra capacidad de empatía que sentimos por los demás.