La película que fue nominada a 10 Oscars y es una de las películas imprescindibles del cine bélico del siglo XXI
Sergio Negrete
-Redactor
Mi infancia estuvo repleta de películas de Disney en VHS. Bien podría ser un personaje de 'El diario de Bridget Jones', 'Fleabag' o 'Parks and Recreation'

Es una de esas películas que lucen espectaculares por su escala, pero terminan quedándose por algo mucho más sencillo: dos soldados avanzando porque, aunque el mundo a su alrededor ya se vino abajo, todavía pueden evitar que alguien más muera.

El cine bélico ha encontrado distintas maneras de llevarnos al campo de batalla. Rescatando al soldado Ryan convirtió el desembarco de Normandía en una experiencia casi física, Dunkerque jugó con el tiempo para mantener la tensión y Sin novedad en el frente mostró una guerra capaz de triturar cualquier rastro de juventud. No hace falta que una película glorifique el combate para que resulte imposible apartar la mirada.

Entre esas producciones hay una que decidió eliminar casi por completo la distancia entre el espectador y los soldados. La cámara no observa desde lejos ni brinca entre generales que planean sus movimientos sobre un mapa. Avanza por trincheras, cruza campos cubiertos de cadáveres y sigue una misión donde detenerse unos minutos puede costar cientos de vidas.

'1917' convierte una misión sencilla en una carrera contra el tiempo

La película es 1917, dirigida por Sam Mendes y estrenada a finales de 2019. La historia sigue a Schofield y Blake, dos jóvenes soldados británicos que deben atravesar territorio enemigo para entregar un mensaje urgente: una ofensiva programada para la mañana siguiente es una trampa y, si no logran detenerla, alrededor de 1,600 hombres avanzarán directamente hacia una emboscada. Entre ellos se encuentra el hermano de Blake.

George MacKay y Dean-Charles Chapman interpretan a los protagonistas, mientras Colin Firth, Benedict Cumberbatch, Richard Madden, Andrew Scott, Mark Strong y Claire Duburcq aparecen en otros momentos del recorrido. Mendes eligió actores menos conocidos para encabezar la cinta porque quería conservar la incertidumbre: con una estrella enorme al frente, el público probablemente asumiría que sobrevivirá hasta los créditos.

La misión parte de una situación real ocurrida durante la Primera Guerra Mundial. En 1917, las tropas alemanas retrocedieron hacia la fortificada Línea Hindenburg, dejando detrás pueblos destruidos, árboles cortados, trampas y una enorme duda sobre sus verdaderas intenciones. Mendes también tomó inspiración de las historias de su abuelo Alfred, quien sirvió como mensajero para el ejército británico y conservó durante toda su vida recuerdos muy duros de las trincheras.

La película parece filmada en una sola toma

La gran apuesta de 1917 está en la forma de contar el viaje. Mendes y el director de fotografía Roger Deakins unieron largas tomas para crear la ilusión de que la película sucede en un movimiento prácticamente continuo. La cámara permanece junto a los protagonistas y avanza con ellos en tiempo real, sin ofrecer un corte cuando aparece el peligro.

Aquello exigió cerca de nueve meses de preparación. Cada trinchera, camino y escenario debía tener la longitud exacta para que los diálogos y movimientos coincidieran con la duración de la toma. El equipo llegó a construir casi dos kilómetros de trincheras y trabajó con dos guiones: uno tradicional y otro compuesto por mapas y esquemas que indicaban dónde estaría la cámara, hacia dónde caminarían los actores y en qué momento cambiaría el equipo de filmación.

Nada podía resolverse después con un par de cortes rápidos. Los intérpretes debían recordar recorridos extensos, los extras entrar en el segundo correcto y la luz natural mantenerse estable durante toda la secuencia. Si alguien tropezaba, olvidaba una línea o aparecía antes de tiempo, había que regresar al principio. El resultado fue una momento que nunca permite respirar del todo.

Diez nominaciones al Oscar y tres estatuillas

1917 llegó a la edición 92 de los premios de la Academia con 10 nominaciones, entre ellas Mejor Película, Dirección para Sam Mendes, Fotografía, Diseño de Producción, Banda Sonora, Maquillaje y Efectos Visuales. Terminó ganando tres premios: Mejor Fotografía para Roger Deakins, Mejores Efectos Visuales y Mejor Mezcla de Sonido. La noche principal fue para Parásitos, pero la cinta de Mendes salió como uno de los grandes logros técnicos de aquella temporada.

Sus reconocimientos no se quedaron ahí. En los BAFTA ganó siete premios, incluidos Mejor Película, Mejor Película Británica, Dirección, Fotografía, Diseño de Producción, Sonido y Efectos Visuales. La celebración técnica tenía sentido, aunque reducirla a la cámara sería quedarse con la mitad de la experiencia: debajo de la precisión hay miedo, cansancio y dos muchachos demasiado jóvenes cargando una responsabilidad absurda.

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