Si algún día te llega la carta de Hogwarts, quizá sea mejor dejar a Hedwig donde pertenece.
Harry Potter nos hizo creer que vivir en el mundo mágico resolvería casi todos nuestros problemas cotidianos. Si te rompieron los lentes, un Oculus Reparo como el que Hermione usa en La piedra filosofal y asunto arreglado. Si no quieres perder horas viajando, en La cámara secreta basta un poco de polvos flu y una chimenea, aunque conviene pronunciar bien el destino si no quieres terminar perdido.
También estaban las cosas que simplemente parecían mucho más divertidas con magia de por medio. Fred y George convirtieron sus bromas en prácticamente un arte durante La orden del Fénix, las fotografías se movían y hasta una partida de ajedrez podía convertirse en espectáculo. Pero hay una fantasía que conviene no sacar de Hogwarts: tener una lechuza como Hedwig de mascota sería mucho menos bonito de lo que muestran las películas.
Hedwig sería una compañera bastante complicada en la vida real
En la saga, Hedwig es casi la mascota perfecta. Entiende a Harry, parece notar cuando está triste, lleva cartas a enormes distancias y regresa tranquilamente a su jaula. Basta verla con ese plumaje completamente blanco para entender por qué muchos fans alguna vez imaginaron tener una igual.
El problema es que una lechuza nival, la especie de Hedwig, real no se comportaría así. La escritora especializada en aves Jennifer Ackerman explicó que estos animales siguen siendo aves silvestres con necesidades que difícilmente pueden satisfacerse viviendo como mascotas. Necesitan espacio, comportamientos naturales de caza y una rutina muy distinta a tener una bonita jaula junto a la ventana.
Y la alimentación tampoco ayuda. Hedwig puede aceptar alguna sobra de tocino en los libros, pero las lechuzas nivales son carnívoras y su dieta incluye animales completos como roedores, conejos y aves. Un ejemplar adulto puede consumir más de 1,600 roedores durante un año. Mantener una significaría acostumbrarse a servir presas y también a limpiar los restos y desechos que vienen con ellas.
Ni siquiera Hedwig se comporta como una lechuza nival real
J.K. Rowling se tomó algunas libertades al escribir al animal. Aunque solemos relacionar a las lechuzas con la noche, las nivales pueden ser muy activas durante el día, especialmente porque están adaptadas a las condiciones del Ártico, donde en verano hay largos periodos de luz continua. Tampoco hacen exactamente el característico sonido que Hedwig utiliza para comunicarse con Harry. Sus vocalizaciones pueden acercarse más a ladridos.
También son animales territoriales y bastante capaces de defenderse. De hecho, Daniel Radcliffe necesitaba protección para trabajar con las aves durante las películas. Hedwig es hembra dentro de la historia, pero fue interpretada por varios machos, entre ellos Gizmo, Kasper, Oops, Swoops, Oh Oh, Elmo y Bandit.
Los machos adultos son más blancos que las hembras y suelen ser más pequeños, lo que los hacía visualmente ideales y un poco más manejables para un actor que todavía era un niño durante las primeras películas. Bajo la túnica de Radcliffe había además una protección gruesa de cuero para evitar accidentes con las garras.
Para interpretar a Hedwig hicieron falta varias lechuzas
No hubo una sola lechuza encargada de interpretar al personaje durante toda la saga, precisamente porque estos animales no funcionan como actores. Algunas eran mejores volando hacia un punto determinado, otras permaneciendo tranquilas frente a la cámara y otras interactuando con Radcliffe. Entrenarlas podía ser impredecible.
Hedwig funciona tan bien dentro de Harry Potter porque no está escrita simplemente como un animal. Es amiga de Harry, su contacto con el mundo mágico durante los veranos en Privet Drive y una presencia que lo acompaña desde su primera visita al Callejón Diagon. En la vida real, una lechuza nival necesita precisamente lo contrario: seguir siendo un animal salvaje y tener el espacio para comportarse como tal.