Un película con Brian De Palma, Tom Hanks, Bruce Willis y Morgan Freeman que parecía tenerlo todo para funcionar, terminó siendo recordada por todo lo que salió mal.
A finales de los 80, Bruce Willis estaba en uno de esos momentos en los que parecía difícil equivocarse. Había saltado de la televisión al cine y Duro de matar lo convirtió en una estrella de acción casi de inmediato. De pronto ya no era solamente el protagonista de Luz de luna: Hollywood tenía a un nuevo héroe y todos querían una parte de él.
Pero incluso las carreras más exitosas tienen películas que sus protagonistas preferirían borrar. Willis terminó acumulando títulos como Pulp Fiction, 12 monos, El quinto elemento y El sexto sentido, pero antes de todos ellos aceptó una adaptación que sobre el papel parecía imposible que saliera mal. Había un bestseller detrás, Brian De Palma como director y un reparto donde también estaban Tom Hanks, Melanie Griffith y Morgan Freeman.
Bruce Willis terminó arrepentido de 'La hoguera de las vanidades'
La película era La hoguera de las vanidades estrenada en 1990 y basada en la famosa novela de Tom Wolfe publicada tres años antes. La historia seguía a Sherman McCoy, un exitoso operador de Wall Street cuya cómoda vida en Nueva York empieza a derrumbarse después de verse involucrado en un incidente en el Bronx. Tom Hanks interpretó a McCoy, mientras Willis tomó el papel de Peter Fallow, el periodista que aprovecha el escándalo.
Las expectativas eran enormes. El libro de Wolfe había sido un éxito y su sátira atacaba sin demasiada sutileza el dinero, el racismo, la ambición, los medios y las diferencias sociales de la Nueva York de los años 80. Llevar todo aquello a una gran producción de estudio parecía lógico pero hacerlo sin perder la vibra del original resultó bastante más complicado.
Años después, Willis fue bastante duro al recordar la experiencia. En una entrevista de 1996 con David Sheff para Playboy, describió la película como un proyecto que había nacido prácticamente condenado y aseguró que estaba "muerta antes de salir de la caja". Según el actor, parte de la prensa ya había decidido qué pensaba de ella antes incluso de verla y discutía públicamente cómo debía haberse realizado y quién tenía que interpretar cada personaje.
Ni Tom Hanks ni Bruce Willis parecían encajar con el libro
El casting fue precisamente uno de los puntos más discutidos. Sherman McCoy era un hombre arrogante, privilegiado y difícil de querer, pero el estudio terminó poniendo en el papel a Tom Hanks, que para entonces tenía una imagen mucho más cercana y simpática. Brian De Palma reconocería después que intentar humanizar al personaje había sido uno de los grandes errores de la adaptación.
Con Willis ocurrió algo parecido. Peter Fallow era británico en la novela y De Palma había pensado antes en nombres como Jack Nicholson y John Cleese, pero ninguno terminó en la película. Warner quería aprovechar el enorme impulso que Willis acababa de conseguir gracias a Duro de matar, así que el personaje terminó transformado para acomodarlo al actor estadounidense.
Costó casi 50 millones y recuperó apenas una tercera parte
Cuando La hoguera de las vanidades llegó finalmente a los cines, las malas señales se confirmaron. La película tuvo un presupuesto cercano a los 47 millones de dólares y recaudó apenas 15.6 millones en Estados Unidos, convirtiéndose en uno de los grandes fracasos comerciales de 1990. Las reseñas tampoco ayudaron: buena parte de la crítica señaló el reparto, el tono y la incapacidad de trasladar la sátira de Wolfe a la pantalla.
Willis sobrevivió perfectamente al golpe. Unos años después apareció en grandes cintas, entre ellas, El sexto sentido, que recaudó más de 670 millones de dólares y consiguió seis nominaciones al Oscar. La hoguera de las vanidades, mientras tanto, quedó como una rareza dentro de una filmografía enorme.