Mucho antes de ganar el Oscar y conquistar Hollywood, una infracción de tránsito terminó en una historia que todavía el director mexicano cuenta entre risas.
Guillermo del Toro ha imaginado toda clase de criaturas aterradoras. Desde el Hombre Pálido de El laberinto del fauno hasta los monstruos de Hellboy y la criatura de Frankenstein, el cineasta mexicano lleva décadas demostrando su fascinación por el terror y la fantasía. Su carrera también está llena de anécdotas que parecen sacadas de alguna de sus películas, aunque una de las más divertidas ocurrió cuando todavía intentaba abrirse camino en el cine.
A principios de los noventa, Del Toro estaba preparando Cronos, una historia de vampiros que terminaría estrenándose en 1993. El joven director había invertido años en desarrollar el proyecto y necesitaba conseguir dinero para terminarlo. La situación económica era tan complicada que comenzó a vender sus pertenencias, incluida una camioneta que utilizaba para transportar materiales de la producción.
Una camioneta, un semáforo en rojo y una patrulla
Lo que Guillermo del Toro nunca imaginó fue que terminaría escapando de la policía por las calles de Guadalajara. Todo comenzó cuando llevaba su vieja camioneta a una agencia donde intentarían venderla. En el trayecto se pasó un semáforo en rojo y descubrió que una patrulla había comenzado a seguirlo. Sin dinero y preocupado por las consecuencias de aquella infracción, tomó una decisión de la que todavía se ríe.
En una conversación celebrada durante el Festival Internacional de Cine de Toronto en 2001, el director recordó lo que pensó cuando vio al policía detrás de él: "No tengo dinero para sobornarlo. Voy a tener que escapar". Del Toro contó la historia frente al público, que comenzó a reírse conforme explicaba las circunstancias de aquella improvisada huida. El encuentro fue recuperado años después por el propio festival.
Guillermo del Toro tuvo que hipotecar su casa para terminar 'Cronos'
Para entender cómo terminó en esa situación hay que regresar a los problemas económicos de su primera película. Cronos comenzó con un presupuesto que terminó creciendo hasta alcanzar aproximadamente dos millones de dólares. Del Toro estaba decidido a completar la producción, por lo que recurrió a préstamos bancarios, hipotecó su casa y puso a la venta su vehículo. En aquel momento estaba lejos de contar con los recursos que años después tendría en Hollywood.
La película seguía a Jesús Gris, un anticuario interpretado por Federico Luppi que descubre un misterioso artefacto capaz de conceder la vida eterna. El objeto, una especie de escarabajo mecánico, termina convirtiéndose en una maldición para su dueño. Ron Perlman y Claudio Brook también formaron parte del reparto de aquella historia que mezclaba vampirismo, alquimia y una visión de la muerte que acompañaría al director durante buena parte de su carrera.
Uno de los mayores gastos estaba relacionado precisamente con los mecanismos que aparecían en pantalla. Del Toro quería que los objetos tuvieran una presencia física convincente y dedicó recursos a construirlos. En una entrevista con el Sindicato de Directores de Estados Unidos recordó que tuvo que hipotecar su vivienda y vender su automóvil para pagar el mecanismo interior del dispositivo de Cronos.
La película que le costó una fortuna y terminó abriéndole las puertas de Hollywood
El sacrificio económico fue considerable. Durante aquella conversación en Toronto, Del Toro recordó que nunca recuperó todo lo que había invertido y que terminó perdiendo alrededor de 250 mil dólares de su propio bolsillo. Los intereses bancarios también complicaron su situación. A pesar de las dificultades, el estreno de Cronos le permitió darse a conocer como director y encontrar nuevas oportunidades de trabajo.
La cinta ganó nueve premios Ariel en México, incluido el de Mejor Ópera Prima, y obtuvo el reconocimiento de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes en 1993. También marcó el inicio de su colaboración con Ron Perlman, quien años después protagonizaría Hellboy. La siguiente etapa de su carrera incluyó producciones como Mimic, El espinazo del diablo y Blade II, antes de alcanzar un reconocimiento internacional todavía mayor con El laberinto del fauno y La forma del agua.
Décadas después, Del Toro ha ganado varios premios Oscar y llevado a la pantalla historias como Pinocho y Frankenstein, estrenada en 2025. Su primera película sigue ocupando un lugar importante en su filmografía, tanto por los personajes que presentó como por todo lo que tuvo que hacer para terminarla. En aquella charla de 2001, el director todavía recordaba entre carcajadas la vieja camioneta, los engranes gigantes y la patrulla que intentaba alcanzarlo por Guadalajara.