Guillermo del Toro no se volvió una de las figuras más queridas del cine por casualidad. Su carrera está llena de monstruos hermosos, niños perdidos, fantasmas tristes y criaturas que, en manos de otro director, quizá habrían sido irrelevantes. Con El laberinto del fauno, La forma del agua y Pinocho de Netflix, el tapatío convirtió la fantasía en un idioma propio.
También llegaron los premios. Del Toro ha ganado tres premios Oscar: Mejor director y Mejor película por La forma del agua, y Mejor película animada por Pinocho. Pero antes del prestigio internacional, las alfombras rojas y las ovaciones de pie, hubo años de incertidumbre, tropiezos y esa sensación horrible de que la vida ya se le estaba yendo demasiado rápido de las manos.
La frase de Guillermo del Toro que volvió a abrazar a una generación
Fue durante una charla de 2018, dentro del Festival Internacional de Cine de Guadalajara, cuando Guillermo del Toro dijo una de sus frases más célebres. El director habló frente a más de ocho mil personas en el Auditorio Telmex, en un encuentro donde no solo platicó de cine, sino también del significado de tener paciencia, ser terco y el miedo a quedarse atrás.
Ahí soltó una idea que se volvió viral porque sonaba a alguien diciendo la verdad sin maquillaje: los jóvenes están en una etapa de desesperación, pero no por eso llegaron tarde. Del Toro contó que en sus veintes se sentía viejo, acabado y con la sensación de no haber hecho nada importante. Luego remató con palabras que muchos siguen compartiendo: "tienen un chingo de tiempo".
La declaración completa iba de que no hay que creer que la vida creativa se acaba antes de los 30. Del Toro les dijo a los jóvenes que todavía tienen tiempo, pero también una rabia útil para hacer cosas. No la planteó como algo que se pone en un cartel. El cineasta mexicano la dijo desde alguien que conoce la frustración de querer crear sin dinero, sin contactos y sin una ruta clara.
Antes del Oscar también hubo pausas, miedo y años sin filmar
Lo más poderoso de la frase es que no viene de alguien a quien todo le salió fácil. En la misma charla, Del Toro habló de cómo su carrera no fue una línea recta ni una cadena perfecta de oportunidades. Entre Cronos y Mimic pasaron cinco años sin filmar, y entre Mimic y El espinazo del diablo hubo otra pausa larga.
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Con esto, Del Toro recordó los huecos, los silencios, las puertas cerradas y los periodos cuando una carrera parece no moverse. El director dijo que, en sus veintes, llegó a sentirse "un bueno para nada", antes de entender en que todavía había tiempo de sobra y que nada había acabado.
Para quienes no tienen empleo, dinero o una sensación mínima de estabilidad, la frase puede resultarles especial. No resuelve la renta ni llena la cuenta bancaria, pero sí rompe una trampa mental muy común: pensar que a cierta edad ya todo debió estar resuelto. Del Toro no romantiza la precariedad. Más bien recuerda que la desesperación no es una sentencia. Muchas veces es una etapa incómoda, ruidosa y llena de energía mal acomodada lista para transformarse.